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  • Puma Punku: las piedras imposibles de Bolivia

    Puma Punku: las piedras imposibles de Bolivia

    Bloques de andesita tallada en Puma Punku, Tiwanaku, Bolivia
    Bloques de andesita en Puma Punku, sitio arqueológico de Tiwanaku (La Paz, Bolivia). Foto: Brattarb, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

    A 3.850 metros sobre el nivel del mar, en el altiplano boliviano y a unos 70 kilómetros de La Paz, hay un campo de piedras rotas que se ha vuelto uno de los lugares más comentados del internet del misterio. Se llama Puma Punku —»Puerta del Puma» en aimara y quechua— y forma parte del complejo arqueológico de Tiwanaku, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en el año 2000.

    Las fotografías circulan sin descanso: bloques con ángulos rectos perfectos, superficies planas como mesas, perforaciones alineadas en fila y unas piezas en forma de «H» que parecen fabricadas en serie. Documentales de televisión y miles de videos repiten la misma pregunta: ¿cómo pudo un pueblo andino sin hierro, sin rueda y sin escritura tallar algo así?

    La pregunta es legítima. Las respuestas que suelen darse —extraterrestres, Atlántida, civilizaciones perdidas de hace 15.000 años, «máquinas láser»— no lo son. En este artículo de Grandes Enigmas revisamos lo que la arqueología sabe realmente sobre Puma Punku: quién lo construyó, cuándo, con qué piedras, cómo pudieron transportarlas y qué preguntas siguen abiertas de verdad. Porque el enigma real es más interesante que el mito.

    ¿Qué es Puma Punku y dónde está?

    Puma Punku es una plataforma escalonada de tierra revestida con piedra, con planta en forma de «T», un patio hundido y, en su día, una estructura monumental en la parte superior. Se ubica en el municipio de Tiwanaku, provincia Ingavi, departamento de La Paz, a unos 15 km de la orilla sur del lago Titicaca.

    Sus dimensiones aproximadas, según los levantamientos arqueológicos:

    • 167,4 metros de ancho en el eje norte–sur.
    • 116,7 metros de largo en el eje este–oeste.
    • Proyecciones de 20 m de ancho en las esquinas noreste y sureste.
    • Un conjunto total (plazas, rampas, explanadas) de al menos 14 hectáreas.

    Un relevamiento con drones realizado en 2016 indicó que el área del complejo ronda las 17 hectáreas, de las que apenas unas dos están excavadas. Es decir: la mayor parte de Puma Punku sigue bajo tierra.

    Puma Punku dentro de Tiwanaku

    Puma Punku no es un monumento aislado. Es una pieza de una ciudad ceremonial y política: Tiwanaku, capital de una de las culturas más influyentes de los Andes prehispánicos. A un kilómetro se encuentran el Kalasasaya (con la famosa Puerta del Sol), el Templete Semisubterráneo y la Akapana, una pirámide escalonada a la que muchos investigadores consideran la «gemela» de Puma Punku. Prospecciones geofísicas (georradar, magnetometría) han detectado entre ambos sectores cimientos de muros, canales de agua, terrazas, áreas residenciales y pavimentos de grava enterrados.

    Esto importa para el debate: Puma Punku estaba rodeado por una ciudad viva, con miles de habitantes, agricultura, talleres y redes de intercambio. No surgió de la nada en mitad del desierto.

    Paisaje de Puma Punku con el altiplano boliviano al fondo
    Vista general del sitio y del altiplano. Foto: Janikorpi, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

    La cultura Tiwanaku: los verdaderos constructores

    Tiwanaku se desarrolló en la cuenca del Titicaca durante más de un milenio. Sus primeras fases aldeanas se remontan a varios siglos antes de nuestra era, y su apogeo urbano y político se sitúa aproximadamente entre los años 500 y 1000 d. C., en lo que los arqueólogos llaman el Horizonte Medio andino.

    En su mejor momento, el núcleo urbano y su entorno pudieron albergar entre 10.000 y 20.000 habitantes, con una población regional mucho mayor. Su influencia se extendió por el altiplano de lo que hoy es Bolivia, el sur del Perú y el norte de Chile (hay colonias y material tiwanakota en Moquegua y en San Pedro de Atacama).

    Una sociedad con recursos para construir en grande

    Varias claves explican la capacidad constructiva de Tiwanaku:

    • Agricultura de altura muy eficiente. Los suka kollus o camellones —campos elevados separados por canales— permitían cultivar papa, quinua y otros productos a casi 4.000 metros, protegiendo las cosechas de las heladas. Se calcula que estos sistemas cubrían decenas de kilómetros cuadrados.
    • Caravanas de llamas. La llama era el motor logístico de los Andes: transporte de carga, fibra para cuerdas y textiles, carne y estiércol como combustible.
    • Mano de obra organizada. Como en otras sociedades andinas, es probable que existiera trabajo comunal o tributario por turnos, antecedente de la mit’a incaica.
    • Especialistas. Canteros, metalurgistas, ceramistas y tejedores de alto nivel, cuya obra se conserva en museos de La Paz y Tiwanaku.

    El colapso de Tiwanaku, hacia el año 1000–1100 d. C., suele asociarse a una sequía prolongada que habría hecho insostenible el sistema agrícola. Puma Punku, de hecho, parece haber quedado inconcluso: hay piezas a medio tallar que muestran el proceso de trabajo.

    ¿Cuándo se construyó Puma Punku? La datación por radiocarbono

    Uno de los mitos más repetidos sostiene que Puma Punku tiene 12.000, 15.000 o incluso 17.000 años. Esa cifra proviene en gran parte del ingeniero austro-boliviano Arthur Posnansky, que a inicios del siglo XX propuso fechas extremadamente antiguas basándose en cálculos astronómicos sobre la alineación del Kalasasaya. Sus métodos fueron descartados por la arqueología moderna.

    Las fechas reales provienen de excavaciones estratigráficas. El arqueólogo Alexei Vranich (Universidad de Pensilvania y después UCLA) obtuvo una muestra de material orgánico de la capa más profunda y antigua del relleno de la plataforma. El resultado: 1510 ± 25 años AP, que calibrado corresponde a 536–600 d. C.

    Esto tiene consecuencias directas:

    1. Como la muestra procede del relleno debajo de la obra en piedra, los bloques de andesita y arenisca se colocaron después de esa fecha.
    2. Las trincheras de Vranich mostraron que el relleno de arcilla, arena y grava se depositó directamente sobre sedimentos estériles del Pleistoceno medio: no hay una civilización anterior enterrada debajo.
    3. Las excavaciones documentaron tres grandes épocas constructivas, además de reparaciones y remodelaciones. Puma Punku fue un proyecto de varias generaciones, no una obra instantánea.

    La cronología se refinó en el trabajo de Vranich y Levine (2013), A Radiocarbon Chronology of the Pumapunku Complex, publicado por el Cotsen Institute of Archaeology de UCLA.

    Las piedras: andesita y arenisca, no «granito imposible»

    Otra confusión frecuente es la del material. En videos populares se habla de «granito» o «diorita» durísima. En Puma Punku hay, fundamentalmente, dos tipos de piedra, con orígenes y funciones distintas.

    Arenisca roja: los grandes bloques de la Plataforma Lítica

    La arenisca roja se usó para los cimientos, los canales internos y las losas gigantes. En el borde oriental está la llamada Plataforma Lítica, una terraza de 6,8 × 38,7 metros pavimentada con bloques enormes:

    • La losa más grande mide 7,81 m de largo, 5,17 m de ancho y unos 1,07 m de espesor, con un peso estimado de 131 toneladas.
    • La segunda mide 7,90 × 2,50 × 1,86 m, con unas 85 toneladas.

    Los análisis petrográficos y químicos del investigador boliviano Carlos Ponce Sanginés (1970) y estudios posteriores compararon muestras de los bloques con canteras conocidas. Conclusión: la arenisca procede de una cantera en las faldas del cerro Kausani, cerca del lago, a unos 10 kilómetros del sitio.

    La arenisca es una roca sedimentaria relativamente blanda: se trabaja con percutores y abrasivos con mucha más facilidad que el granito.

    Losas de arenisca de la plataforma de cimentación de Puma Punku
    Losas de cimentación de arenisca roja. Foto: Janikorpi, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

    Andesita: la piedra de los acabados finos

    Las piezas más famosas —los bloques en «H», los fragmentos de portadas, los relieves geométricos— son de andesita, una roca volcánica gris, más dura y de grano fino. Procede de canteras de la península de Copacabana, al otro lado del lago Titicaca, a unos 90 kilómetros. Lo más probable es que se transportara en parte por vía lacustre, con embarcaciones de totora.

    Los bloques de andesita son mucho más pequeños que las losas de arenisca. La imagen de «bloques de cien toneladas tallados con precisión de micras» mezcla dos cosas distintas: las piedras grandes son de arenisca y relativamente simples; las de talla fina son de andesita y de tamaño manejable.

    Los bloques en «H»: ¿fabricación en serie?

    Bloques en H de andesita en Puma Punku
    Los célebres bloques en «H» de andesita. Foto: Janikorpi, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

    Los bloques en H son el icono de Puma Punku. Tienen un perfil complejo, con escalones y cavidades internas, y muchos son muy parecidos entre sí. Para los teóricos de los «antiguos astronautas», serían prueba de piezas industriales hechas con moldes o máquinas.

    La interpretación arqueológica es otra. Los arquitectos Jean-Pierre Protzen (Universidad de California, Berkeley) y Stella Nair realizaron el primer estudio profesional y detallado de la arquitectura de Tiwanaku, publicado en varios artículos (1997, 2000, 2002) y en el libro The Stones of Tiahuanaco (2013). Sus conclusiones:

    • Los bloques en H se ensamblaban con otros de andesita para formar portadas ciegas en miniatura, un motivo decorativo que reproduce a escala reducida las grandes portadas monumentales.
    • El monolito conocido como «Escritorio del Inca» es un modelo a escala reducida y fiel de una forma arquitectónica de tamaño completo.
    • Los tiwanakotas aplicaban una fórmula de reducción concreta al pasar de la arquitectura monumental a la miniatura.
    • Las piezas son similares pero no idénticas: sus dimensiones varían. Eso indica estandarización con plantillas y medidas, no producción mecánica.
    • El hecho de que muchos «bloques modelo» existan en múltiples ejemplares sugiere producción en serie artesanal, algo perfectamente compatible con talleres organizados.

    En otras palabras: lo que vemos no es tecnología alienígena, sino diseño modular. Los canteros de Tiwanaku pensaban en sistemas de piezas intercambiables, una idea sofisticada que la arquitectura moderna redescubrió muchos siglos después.

    El símbolo del «cuadrado anidado»

    Algunos bloques en H llevan grabado un motivo de cuadrados concéntricos. Símbolos idénticos aparecen en estelas de Pukara, en el actual Perú, una cultura anterior a Tiwanaku. Es un indicio más de que la estética de Puma Punku tiene raíces regionales documentadas.

    Grapas de metal: la ingeniería que sí sorprende

    Uno de los aspectos más notables —y menos difundidos— de Puma Punku es el uso de grapas metálicas para unir bloques. En muchas piedras se ven cavidades en forma de I, T, doble T, L, U, Y o Z.

    La arqueometalurgista Heather Lechtman (MIT) analizó estas grapas y descubrió que están hechas de una aleación de cobre, arsénico y níquel muy particular. Además:

    • En el canal sur de Puma Punku, las grapas se vertieron en su lugar: el metal fundido se colaba directamente en las cavidades de la piedra.
    • En la Akapana, en cambio, se fabricaron por martillado en frío de lingotes.
    • La misma aleación aparece en objetos metálicos entre Tiwanaku y San Pedro de Atacama hacia 600–900 d. C.

    Es decir, hay pruebas materiales de metalurgia local avanzada, fechada y vinculada a la región. Técnicas de grapas similares se usaron en Egipto y Grecia (por ejemplo, en el Erecteión de Atenas). Ya en 1892 los investigadores Alphons Stübel y Max Uhle atribuían esta coincidencia a «patrones similares del pensamiento humano»: cuando se quiere unir piedras sin argamasa, la solución de la grapa surge de forma independiente.

    Unión entre losas de la plataforma de Puma Punku
    Juntas entre losas de cimentación. Foto: Janikorpi, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

    ¿Cómo tallaron piedras tan precisas?

    Aquí está el enigma genuino, y conviene plantearlo con honestidad.

    Protzen y Nair escribieron en 1997 que los ángulos interiores rectos y nítidos de algunos motivos de Tiwanaku «muy probablemente no se hicieron con percutores», porque la técnica de golpeo —la que usaban los incas— deja esquinas interiores redondeadas. También reconocieron que las herramientas exactas de los canteros de Tiwanaku siguen sin identificarse en el registro arqueológico.

    Esa frase es la favorita de los defensores de teorías alternativas. Pero se suele citar incompleta. Lo que hicieron después los investigadores fue experimentar:

    • Stella Nair intentó reproducir un fragmento de relieve con herramientas de piedra: lascas, hojas y cinceles finos de sílex, ágata, jaspe, obsidiana, cuarcita, grauvaca y hematita.
    • Las herramientas de bronce resultaron poco eficaces contra la andesita dura.
    • Con piedra, logró tallar un diseño de media cruz escalonada de unos 20 cm con la misma precisión que los relieves originales.
    • El trabajo le llevó unas 40 horas (incluyendo ensayo y error); los investigadores estimaron que un artesano experimentado tardaría unas 25 horas.

    Lo único que no lograron replicar del todo fue el acabado perfectamente plano de algunas superficies interiores. Eso indica técnicas de abrasión y control (reglas, escuadras, pastas abrasivas de arena) que aún se estudian. Es una laguna de conocimiento, no una prueba de lo imposible.

    Piedra tallada con detalles geométricos en Puma Punku
    Detalle de piedra tallada. Foto: Janikorpi, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

    Las piezas inacabadas: el taller congelado en el tiempo

    Puma Punku conserva bloques a medio terminar, con agujeros ciegos y cortes en distintas fases. Estas piezas son valiosísimas: muestran que el trabajo era progresivo, con marcado, desbaste y pulido, y que había errores, correcciones y abandono. Una tecnología de «corte láser» no deja piezas a medias con huellas de trabajo manual.

    ¿Cómo movieron bloques de 131 toneladas?

    Mover una losa de arenisca de más de cien toneladas a lo largo de 10 kilómetros, cuesta arriba, es un reto enorme. Pero no es inédito en la historia humana. Las hipótesis más sólidas incluyen:

    • Rampas y planos inclinados de tierra.
    • Cuerdas de fibra vegetal y cuero de llama, con cientos de personas tirando de forma coordinada.
    • Trineos o deslizaderas sobre superficies preparadas, quizá humedecidas o con arcilla.
    • Transporte lacustre para la andesita desde Copacabana, con balsas de totora, una tradición que pervive en el Titicaca.

    Como referencia, otras culturas sin maquinaria moderna movieron piedras comparables o mayores: los megalitos de Stonehenge, los moáis de Rapa Nui o los bloques de Sacsayhuamán en Cusco. En Bolivia y el Perú, además, existe una larga tradición de trabajo colectivo —el ayni y la minka— que sigue viva en las comunidades aimaras.

    Lo que no hay es consenso sobre el método exacto. Es otra pregunta abierta, pero de ingeniería y logística, no de física imposible.

    ¿Por qué Puma Punku está en ruinas?

    Si fue tan sólido, ¿por qué hoy parece un campo de escombros? Los visitantes a menudo imaginan una «explosión» o un «cataclismo». La explicación histórica es más prosaica:

    1. Abandono e inconclusión tras el declive de Tiwanaku.
    2. Saqueo colonial. Los cronistas Pedro Cieza de León (1549) y Bernabé Cobo describieron estructuras aún en pie. Desde entonces, buscadores de tesoros removieron bloques.
    3. Extracción de piedra. Durante siglos, las piedras se reutilizaron para construir la iglesia del pueblo de Tiwanaku, casas y, a inicios del siglo XX, como balasto para el ferrocarril Guaqui–La Paz.
    4. Erosión natural, sismos y heladas del altiplano.
    5. Reconstrucciones antiguas mal documentadas, que movieron piezas de lugar.

    El desorden actual es, sobre todo, obra de los últimos 500 años.

    Mitos sobre Puma Punku frente a los datos

    MitoLo que dice la evidencia
    Tiene 12.000–17.000 añosRadiocarbono: inicio de construcción 536–600 d. C.
    Está hecho de granito o dioritaArenisca roja (bloques grandes) y andesita (talla fina)
    Los bloques en H son idénticos, hechos con máquinasSon similares, no idénticos; estandarización artesanal
    No hay precedentes localesHay antecedentes en Chiripa y Pukara
    No pudieron moverlosCanteras identificadas a 10 y 90 km; rampas, cuerdas, balsas
    Las grapas son de origen desconocidoAleación Cu–As–Ni local, analizada por Lechtman
    Fue destruido por un cataclismoSaqueo, extracción de piedra, ferrocarril y erosión

    Los «antiguos astronautas» y el problema del racismo implícito

    El arqueólogo Jeb J. Card señala que Puma Punku es un elemento fijo de los libros y programas de «arqueología alternativa». Alexei Vranich reconstruyó en 3D uno de los edificios de Puma Punku y mostró que son versiones elaboradas de edificios excavados en Chiripa (550 a. C.–100 d. C.), un sitio de la península de Taraco. Para Vranich, esos precursores locales son «una prueba sólida» contra la idea de una tecnología foránea.

    El investigador Franco D. Rossi (Johns Hopkins) criticó en la revista Public Archaeology (2019) que estos discursos describan a los aimaras como un «pueblo de la Edad de Piedra» incapaz de construir Puma Punku. Atribuir la obra a extraterrestres o a atlantes significa, en el fondo, negar a los pueblos andinos la autoría de su propio patrimonio. Para Bolivia y para Latinoamérica, esa no es una cuestión menor.

    Qué preguntas siguen abiertas de verdad

    Desmontar mitos no significa que todo esté resuelto. Las preguntas legítimas que la investigación sigue trabajando son:

    • ¿Qué herramientas exactas produjeron los ángulos interiores rectos y las superficies perfectamente planas?
    • ¿Qué método de transporte se usó para las losas de más de 80 toneladas?
    • ¿Cómo era el edificio completo? Hay al menos cinco portadas de andesita similares a la Puerta del Sol, y se discute si la propia Puerta del Sol formó parte de Puma Punku.
    • ¿Qué hay bajo tierra? Solo una fracción del complejo está excavada; el radar indica dos plataformas más enterradas.
    • ¿Qué función ritual tenía? Probablemente era un centro ceremonial y de peregrinación, orientado hacia montañas sagradas como el Illimani, con puertas como umbrales simbólicos.

    Estos son los verdaderos «grandes enigmas» de Puma Punku: preguntas de arqueología, ingeniería y antropología que se responden con excavación, análisis de laboratorio y experimentación.

    Trabajos arqueológicos en Puma Punku en 2011
    Trabajos arqueológicos en curso en 2011. Foto: Janikorpi, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

    Cómo visitar Puma Punku desde La Paz

    Para quienes viajan por Bolivia:

    • Ubicación: pueblo de Tiwanaku, a unos 70 km al oeste de La Paz (aprox. 1,5 horas por carretera hacia Desaguadero).
    • Entrada: el boleto del sitio incluye Kalasasaya, Akapana, Templete Semisubterráneo, Puma Punku y los museos (Museo Lítico y Museo Cerámico). Conviene verificar precios y horarios vigentes antes de ir.
    • Altura: 3.850 m. Hidrátese, abríguese y camine despacio.
    • Recomendación: contratar un guía local, idealmente de la comunidad. Visitar en junio permite coincidir con el Willkakuti o Año Nuevo Andino-Amazónico (21 de junio), cuando miles de personas reciben el primer sol en Tiwanaku.
    • Respeto: no tocar ni trepar los bloques. Cada fragmento es un documento histórico.

    Preguntas frecuentes sobre Puma Punku

    ¿Quién construyó Puma Punku?
    La cultura Tiwanaku, una civilización andina de la cuenca del lago Titicaca, en la actual Bolivia.

    ¿Cuántos años tiene Puma Punku?
    Su construcción comenzó después del año 536–600 d. C., según datación por radiocarbono. Tiene, por tanto, unos 1.400–1.500 años.

    ¿De qué piedra está hecho Puma Punku?
    De arenisca roja (las grandes losas, de una cantera a unos 10 km) y andesita volcánica (las piezas finas, traídas de la península de Copacabana, a unos 90 km).

    ¿Cuánto pesa la piedra más grande de Puma Punku?
    Alrededor de 131 toneladas; es una losa de arenisca de 7,8 × 5,2 m.

    ¿Qué son los bloques en H?
    Piezas de andesita que, ensambladas, formaban portadas ciegas en miniatura; muestran un diseño modular y estandarizado.

    ¿Hay pruebas de intervención extraterrestre?
    No. Existen canteras identificadas, dataciones, precursores arquitectónicos locales, metalurgia regional y experimentos que reproducen la talla con herramientas de piedra.

    Conclusión: el enigma es humano

    Puma Punku no necesita alienígenas para ser extraordinario. Es la obra de una sociedad andina que, a casi 4.000 metros de altura, organizó a miles de personas, trajo piedra desde 90 kilómetros a través de un lago, inventó un sistema arquitectónico modular, fundió grapas de una aleación única y talló andesita con una precisión que todavía asombra a los especialistas.

    Las preguntas que quedan —qué herramientas, qué técnicas de transporte, qué aspecto tenía el templo completo— son reales y fascinantes. Pero sus respuestas están en el altiplano boliviano, en las canteras de Kausani y Copacabana, en los laboratorios y en las comunidades aimaras que todavía viven a la sombra de Tiwanaku. El verdadero gran enigma de Puma Punku es cómo una civilización tan brillante ha sido tantas veces subestimada.

    Fuentes principales

    • Vranich, A. (1999). Interpreting the meaning of ritual spaces: the temple complex of Pumapunku, Tiwanaku, Bolivia. Tesis doctoral, Universidad de Pensilvania.
    • Vranich, A. (2006). «The construction and reconstruction of ritual space at Tiwanaku, Bolivia (AD 500–1000)». Journal of Field Archaeology, 31(2).
    • Vranich, A. y Levine, A. R. (2013). «A Radiocarbon Chronology of the Pumapunku Complex». Advances in Titicaca Basin Archaeology-2. Cotsen Institute, UCLA.
    • Vranich, A. (2018). «Reconstructing ancient architecture at Tiwanaku, Bolivia: the potential and promise of 3D printing». Heritage Science, 6:65.
    • Protzen, J.-P. y Nair, S. (1997). «Who taught the Inca stonemasons their skills?». JSAH, 56(2).
    • Protzen, J.-P. y Nair, S. (2013). The Stones of Tiahuanaco. Cotsen Institute, UCLA.
    • Ponce Sanginés, C. (1970). Acerca de la procedencia del material lítico de los monumentos de Tiwanaku. Academia Nacional de Ciencias de Bolivia.
    • Lechtman, H. (1998). «Architectural cramps at Tiwanaku: copper-arsenic-nickel bronze».
    • Kolata, A. (1993). The Tiwanaku: Portrait of an Andean Civilization.
    • Janusek, J. W. (2008). Ancient Tiwanaku. Cambridge University Press.
    • Rossi, F. D. (2019). «Reckoning with the Popular Uptake of Alien Archaeology». Public Archaeology.
    • UNESCO: Tiwanaku, centro espiritual y político de la cultura Tiwanaku (Patrimonio Mundial, 2000).
  • Las líneas de Nazca: ¿para quién fueron dibujadas?

    Las líneas de Nazca: ¿para quién fueron dibujadas?

    Grandes Enigmas · Arqueología de los Andes · Perú

    Geoglifo del colibrí en la Pampa de Nazca, Ica, Perú
    El colibrí, uno de los geoglifos más reconocibles de la Pampa de Nazca (Ica, Perú). Imagen: Wikimedia Commons.

    En el sur del Perú, a unos 400 kilómetros de Lima y entre los valles de Ica, Nazca y Palpa, se extiende uno de los desiertos más secos del planeta. Allí, sobre una llanura de piedras oscuras, hace casi dos mil años un pueblo sin escritura trazó un colibrí de casi cien metros, un mono con la cola en espiral, una araña, un cóndor, cientos de líneas rectas que corren kilómetros sin desviarse y enormes trapecios que parecen pistas. La mayor parte de estas figuras solo se aprecian completas desde el aire.

    De ahí nace la pregunta que da título a este artículo y que ha alimentado casi un siglo de especulaciones: si quienes las dibujaron no podían volar, ¿para quién fueron dibujadas las líneas de Nazca? ¿Para los dioses del cielo? ¿Para las montañas que daban agua? ¿Para los propios caminantes que las recorrían? ¿O, como se repite en documentales sensacionalistas, para visitantes de otro mundo?

    La respuesta corta, según la arqueología actual, es que las líneas no fueron hechas para ser miradas desde arriba, sino para ser caminadas, usadas y vividas por la sociedad Nasca en sus rituales del agua y la fertilidad. La respuesta larga es mucho más interesante, y en los últimos años la inteligencia artificial y los drones la han vuelto a cambiar.

    Qué son las líneas de Nazca: datos esenciales

    Las Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa fueron inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1994. Ocupan una superficie de alrededor de 450 km² en la región Ica, y la UNESCO las ha descrito como el grupo de geoglifos más destacado del mundo, incomparable en extensión, magnitud, cantidad y diversidad.

    En resumen:

    • Ubicación: Pampa de Nazca y Pampa de Palpa, región Ica, costa sur del Perú.
    • Autores principales: la cultura Nasca (aprox. 100 a. C. – 700 d. C.), con antecedentes en la cultura Paracas, cuyos geoglifos más antiguos aparecen en las laderas de Palpa.
    • Tipos de geoglifos: líneas rectas, trapecios y triángulos, espirales y zigzags, y figuras de animales, plantas y seres humanos o sobrenaturales.
    • Técnica: retiro de las piedras superficiales oscurecidas por óxido (el llamado «barniz del desierto») para dejar a la vista el suelo claro de abajo.
    • Conservación: su supervivencia se explica por la extrema aridez, la escasez de lluvias y la poca erosión del viento a ras de suelo.
    • Número conocido: tras los estudios con IA de la Universidad de Yamagata e IBM, el total de geoglifos figurativos confirmados llegó a 893 en 2025, frente a unos 430 conocidos hasta 2022.

    Cómo se hicieron: una técnica sencilla con un resultado monumental

    Lejos de requerir tecnología avanzada, los geoglifos se trazaron con un procedimiento que la arqueología experimental ha reproducido varias veces: estacas, cuerdas y equipos humanos bien coordinados. Las piedras rojizas de la superficie se apartaban hacia los bordes, formando un pequeño talud, y quedaba expuesto el suelo amarillento. Para las figuras grandes bastaba ampliar un boceto mediante una retícula o con puntos de referencia y medidas con cuerdas.

    Los arqueólogos distinguen hoy dos grandes técnicas:

    1. Geoglifos de tipo línea (line-type): figuras enormes dibujadas con un trazo continuo, como el colibrí, el mono o la araña. Muchas pueden recorrerse caminando de principio a fin sin cruzar la propia línea.
    2. Geoglifos de tipo relieve (relief-type): figuras más pequeñas, de pocos metros, formadas acumulando o retirando piedras para crear un contraste de superficie. Suelen estar en laderas y son difíciles de ver, por eso pasaron desapercibidas durante décadas.

    Esta distinción, como veremos, es la clave para responder a la gran pregunta.

    Geoglifo del mono con cola en espiral en las líneas de Nazca
    El mono, con su cola en espiral, es una figura de tipo línea que puede recorrerse en un solo trazo. Imagen: Wikimedia Commons.

    La cultura Nasca: un pueblo que dominó el desierto

    Para entender las líneas hay que entender a quienes las hicieron. La cultura Nasca floreció en los valles del río Grande de Nazca entre aproximadamente el siglo I a. C. y el siglo VII d. C. No construyó grandes ciudades ni imperios como los incas siglos después, pero desarrolló una sociedad compleja en uno de los entornos más hostiles de Sudamérica.

    Cerámica, textiles y un mundo sobrenatural

    Los Nasca son famosos por su cerámica policroma, una de las más finas de la América prehispánica, con hasta una decena de colores. En ella aparecen las mismas criaturas de la pampa —aves, peces, orcas, felinos, monos— junto a seres míticos y las inquietantes cabezas trofeo, cabezas humanas preparadas ritualmente. Sus tejidos, heredados de la tradición Paracas, muestran una iconografía semejante. Esto es importante: los motivos de los geoglifos forman parte del mismo universo simbólico que el arte Nasca, no son algo ajeno a esa cultura.

    Cahuachi: el centro ceremonial

    A pocos kilómetros de la pampa se encuentra Cahuachi, un enorme complejo de montículos y plataformas de adobe junto al río Nazca. Las investigaciones de Helaine Silverman en la década de 1980 mostraron que no era una ciudad densamente poblada, sino un centro ceremonial y de peregrinación al que acudían grupos de toda la región en determinadas épocas. Las excavaciones posteriores del arqueólogo italiano Giuseppe Orefici reforzaron esta imagen de un santuario donde se celebraban banquetes, ofrendas y rituales. Varias líneas de la pampa parecen orientarse o converger en dirección a este espacio sagrado.

    Los puquios: ingeniería hidráulica en el desierto

    En la región de Nazca puede pasar un año entero casi sin lluvia; los ríos bajan desde los Andes solo unos meses. La respuesta Nasca fueron los puquios, galerías filtrantes subterráneas que captan agua del subsuelo y la llevan a la superficie mediante pozos en espiral llamados ojos. Algunos, como los acueductos de Cantalloc, siguen funcionando hoy y abastecen a agricultores de la zona. Estudios geofísicos de misiones italianas identificaron acuíferos poco profundos cerca de Cahuachi, y desde hace décadas se debate si ciertas líneas señalan cursos de agua subterránea.

    Pozos en espiral de los acueductos subterráneos de Cantalloc, Nazca
    Ojos o pozos de los acueductos de Cantalloc, parte del sistema de puquios Nasca. Imagen: Wikimedia Commons.

    El agua, en suma, era el centro de la vida y de la religión Nasca. Y casi todas las teorías serias sobre las líneas terminan, de un modo u otro, en el agua.

    María Reiche: la dama de las líneas

    Ninguna historia de Nazca está completa sin María Reiche (1903–1998), la matemática alemana que dedicó más de medio siglo de su vida a estudiar, medir y defender los geoglifos.

    Geoglifo del cóndor en las líneas de Nazca
    El cóndor, ave sagrada andina, entre los geoglifos estudiados por María Reiche. Imagen: Wikimedia Commons.

    Reiche llegó al Perú en la década de 1930 y en los años cuarenta comenzó a colaborar con el historiador estadounidense Paul Kosok. Fue Kosok quien, el 22 de junio de 1941 —día del solsticio de invierno austral—, observó que el sol se ponía justo en la dirección de una de las líneas. Lo bautizó como «el libro de astronomía más grande del mundo».

    Reiche heredó esa intuición y la convirtió en una misión. Vivió durante años en una modesta casa al borde de la pampa, barría las líneas para hacerlas más visibles, las medía con cintas y sextante y se enfrentó a proyectos de carreteras, invasiones y cultivos que amenazaban destruirlas. Su libro Misterio sobre el desierto (1949) difundió el enigma en todo el mundo. Financió vigilantes con sus propios ingresos y fue clave para que el Estado peruano protegiera la zona; recibió altas distinciones del Perú y su figura es hoy un símbolo nacional. Su antigua casa en San Pablo, cerca de la pampa, funciona como museo.

    La teoría del calendario astronómico

    Para Reiche, las líneas eran un gigantesco calendario astronómico: marcaban solsticios, equinoccios y la salida de estrellas y constelaciones, información vital para programar siembras y cosechas. Algunas figuras, como la araña, se interpretaron como representaciones de constelaciones.

    La hipótesis era elegante, pero no resistió el análisis estadístico. En 1968 el astrónomo Gerald Hawkins comprobó que el número de alineamientos astronómicos no era mayor de lo que cabría esperar por azar: con cientos de líneas en todas direcciones, siempre habrá alguna que apunte a un evento celeste. Los trabajos posteriores de Anthony Aveni y su equipo, en los años ochenta, llegaron a conclusiones similares: algunas líneas pueden tener relación con el sol, pero el conjunto no funciona como un observatorio.

    Aun así, el legado de Reiche es inmenso. Sin ella probablemente las líneas habrían desaparecido bajo la Panamericana y los campos de cultivo.

    Las grandes teorías: ¿para quién se trazaron?

    A lo largo de un siglo se han propuesto decenas de explicaciones. Conviene separarlas en las que tienen apoyo arqueológico y las que no.

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  • Para el cielo: astronomía y calendario
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    Es la teoría de Kosok y Reiche. Como hemos visto, hoy se considera insuficiente como explicación general, aunque no se descarta que algunas líneas tuvieran orientaciones solares con valor ritual.

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  • Para las montañas y el agua: la teoría de Johan Reinhard
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    El antropólogo Johan Reinhard, explorador de National Geographic conocido por sus hallazgos en cumbres andinas, propuso en The Nasca Lines: A New Perspective on their Origin and Meanings (1985) una lectura basada en la religión andina. En los Andes, las montañas (apus) son deidades que controlan la lluvia y el agua de los ríos. Según Reinhard, la mayoría de las líneas no apuntaban a nada en el horizonte celeste, sino que llevaban a lugares donde se hacían rituales para obtener agua y fertilidad. Las figuras de animales, como la araña, el mono o las aves marinas, estarían asociadas en la cosmovisión andina con la lluvia y la abundancia.

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  • Para los caminantes: líneas como senderos rituales
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    Investigadores como Persis Clarkson, Anthony Aveni y, más tarde, el equipo germano-peruano del proyecto Nasca-Palpa dirigido por Markus Reindel y Johny Isla, documentaron que muchas líneas estaban pisoteadas, con fragmentos de cerámica rota intencionalmente en sus extremos y pequeñas estructuras de piedra en los trapecios. Esto indica que eran espacios de procesión: la gente caminaba por ellas, a menudo en grupo, y depositaba ofrendas. Los trapecios, como los que se ven desde el aire, habrían funcionado como plazas rituales a cielo abierto.

    Trapecios de las líneas de Nazca vistos desde el aire
    Los grandes trapecios pudieron ser espacios ceremoniales donde se reunían comunidades enteras. Imagen: Wikimedia Commons.

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  • Para señalar el agua subterránea
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    En la década de 1990 David Johnson sostuvo que algunas líneas y trapecios marcaban fallas geológicas y cursos de agua subterránea, una especie de mapa hídrico. La idea ha tenido críticas por falta de pruebas sistemáticas, pero encaja con la obsesión Nasca por el agua y con la cercanía de los puquios.

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  • Para los dioses que miran desde arriba
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    Otra lectura sostiene que las figuras estaban dirigidas a divinidades celestes capaces de verlas completas. No es incompatible con las anteriores: el «destinatario» podía ser sobrenatural aunque el uso fuera humano y terrestre. Sin embargo, es difícil de probar con métodos arqueológicos.

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  • Para extraterrestres: el mito de las pistas de aterrizaje
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    En 1968 el escritor suizo Erich von Däniken popularizó en ¿Recuerdos del futuro? la idea de que las líneas eran pistas de aterrizaje o señales para visitantes extraterrestres, y que la figura conocida como «el astronauta» representaba a uno de ellos. Esta hipótesis no tiene ningún respaldo científico. María Reiche respondió con ironía que, si fueran pistas, las naves se habrían hundido en el suelo blando de la pampa. Además, los geoglifos se explican perfectamente con técnicas y herramientas conocidas, y su iconografía coincide con la cerámica Nasca. La teoría, sin embargo, sigue atrayendo turistas y audiencias, y también tiene un trasfondo problemático: niega a los pueblos originarios del Perú la autoría de su propia obra.

    Figura del astronauta de Nazca en una ladera del desierto
    La figura llamada «el astronauta», en una ladera: para la arqueología es un ser antropomorfo, posiblemente un personaje mítico o un búho-hombre. Imagen: Wikimedia Commons.

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  • Otras hipótesis: tejido, globos y carreras
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    Se ha sugerido que las líneas eran patrones para tejidos gigantes, que los Nasca volaban en globos de aire caliente (un experimento de 1975 intentó demostrarlo, sin evidencia arqueológica de apoyo) o que eran circuitos para competencias. Ninguna ha conseguido sostenerse frente a los datos de campo.

    La revolución de los drones y la inteligencia artificial

    Durante casi un siglo, los geoglifos se descubrieron mirando fotos aéreas o recorriendo la pampa a pie. Era un trabajo lento: entre la década de 1920 y 2020 se habían identificado alrededor de 430 geoglifos figurativos.

    El estudio de Yamagata e IBM (PNAS, 2024)

    El Instituto Nasca de la Universidad de Yamagata (Japón), dirigido por el arqueólogo Masato Sakai, trabaja en la pampa desde hace más de quince años con permiso del Ministerio de Cultura del Perú. En colaboración con IBM Research, el equipo entrenó un modelo de inteligencia artificial capaz de detectar geoglifos en imágenes aéreas de alta resolución, aun con muy pocos ejemplos de entrenamiento.

    Los resultados, publicados en septiembre de 2024 en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), fueron extraordinarios:

    • La IA propuso 1.309 candidatos de alta probabilidad.
    • Entre septiembre de 2022 y febrero de 2023, la verificación en terreno —a pie y documentada con drones— confirmó 303 nuevos geoglifos figurativos en solo seis meses, casi duplicando el número conocido.
    • Se hallaron también 42 nuevos geoglifos geométricos.
    • Según la universidad, la IA aceleró el ritmo de descubrimiento unas 16 veces.

    Y las nuevas figuras incluían humanoides, camélidos domesticados, escenas de decapitación y cabezas cortadas, motivos que dialogan directamente con las cabezas trofeo de la cerámica Nasca.

    2025: 248 geoglifos más y «caminos temáticos»

    En agosto de 2025, en el Pabellón del Perú de la Expo 2025 Osaka-Kansai, Sakai anunció otros 248 nuevos geoglifos descubiertos en campañas de 2023 y 2024 con apoyo de IA: 41 figuras humanas, 31 escenas de decapitación, 21 llamas, 66 otros animales, 81 diseños geométricos y otros motivos. De ellos, 160 son figurativos, con lo que el total de geoglifos figurativos conocidos llegó a 893.

    Lo más revelador es su disposición: muchos se agrupan a lo largo de pequeños senderos según temas específicos, como «sacrificio humano», «aves silvestres» o «animales domesticados». Para el equipo japonés, esto indica que los geoglifos transmitían historias o mensajes, como capítulos de un relato que se leía caminando. En una civilización sin escritura alfabética, el paisaje mismo funcionaba como soporte de memoria colectiva. Los investigadores estiman que podría haber más de mil geoglifos de relieve a lo largo de más de cien senderos, y ya trabajan con datos LIDAR para recrear la experiencia visual de recorrerlos.

    Entonces, ¿para quién fueron dibujadas?

    Con los datos de PNAS, la pregunta del título tiene por primera vez una respuesta con base estadística. El estudio comparó los dos tipos de geoglifos:

    Característica Geoglifos de tipo línea Geoglifos de tipo relieve
    Tamaño Gigantes (decenas a cientos de metros) Pequeños (en promedio unos 9 m)
    Motivos dominantes Animales silvestres (64 %) Humanos o cosas modificadas por humanos (81,6 %)
    Ubicación A unos 34 m de la red de líneas y trapecios A unos 43 m de los antiguos senderos
    Uso probable Rituales comunitarios Contemplación individual o de pequeños grupos

    La conclusión es clara: había dos públicos distintos, y ambos estaban en tierra.

    1. Las grandes figuras y las líneas eran escenarios de rituales colectivos. Las comunidades las recorrían en procesión, probablemente en ceremonias vinculadas al agua y la fertilidad, y en sus extremos rompían vasijas como ofrenda. No necesitaban ver la figura desde arriba: lo importante era caminarla, trazar con el propio cuerpo la forma del colibrí o del mono.
    2. Las pequeñas figuras de relieve, en cambio, fueron hechas para ser vistas por quienes transitaban los senderos que cruzaban la pampa: viajeros, peregrinos camino a Cahuachi, pastores con sus llamas. Funcionaban como paneles narrativos, señales y recordatorios de historias compartidas.

    ¿Y los dioses? Es posible que los Nasca pensaran que sus deidades —las montañas, el cielo, las fuerzas del agua— contemplaban también esas obras. Pero eso pertenece al terreno de la fe, no al de la evidencia. Lo que sí sabemos es que las líneas de Nazca fueron dibujadas por y para los propios Nasca: para sus rituales, sus caminos y su memoria.

    Amenazas y conservación: un patrimonio frágil

    La paradoja de Nazca es que sobrevivió dos mil años al desierto y hoy está amenazada en pocas décadas.

    • Tránsito y vehículos: la carretera Panamericana Sur atraviesa la pampa y llegó a cortar la figura del lagarto. En enero de 2018, un conductor de camión ingresó ilegalmente en la zona protegida y dañó varias líneas.
    • Activismo irresponsable: en diciembre de 2014, activistas de Greenpeace dejaron huellas junto al colibrí al colocar un mensaje durante la COP20 de Lima, lo que generó una protesta del Gobierno peruano y un fuerte rechazo en todo el país.
    • Invasiones y minería informal: la ocupación de terrenos y la actividad minera en la periferia del área protegida son una preocupación recurrente para el Ministerio de Cultura.
    • Clima: lluvias extraordinarias asociadas al fenómeno de El Niño pueden provocar erosión y huaicos.

    Ver las líneas implica casi siempre sobrevolarlas en avioneta desde el aeródromo de Nazca o de Ica, o subir al mirador ubicado junto a la Panamericana, desde donde se observan el árbol y las manos. El sobrevuelo, irónicamente, ofrece la vista que sus creadores probablemente nunca tuvieron.

    Geoglifo de la araña en la Pampa de Nazca
    La araña, de unos 46 metros, otra de las figuras de tipo línea. Imagen: Wikimedia Commons.

    Nazca en el contexto latinoamericano

    Nazca no es un caso aislado. Los Andes y el norte de Chile están llenos de geoglifos: el Gigante de Atacama y los geoglifos de Pintados en la región de Tarapacá, los de Chug-Chug en Antofagasta y los diseños de Palpa, más antiguos que muchos de Nazca. En el Perú hay geoglifos también en el valle de Chincha y en Sihuas (Arequipa). Estos paisajes marcados con piedras compartían una función común: marcar rutas, territorios y espacios sagrados en sociedades que se desplazaban entre la costa y la sierra.

    Comprender Nazca, por lo tanto, es comprender una tradición andina de escribir en el paisaje. Igual que los quipus guardaban información en cuerdas anudadas, los geoglifos guardaban relatos en la tierra.

    Preguntas frecuentes sobre las líneas de Nazca

    ¿Quién hizo las líneas de Nazca?

    La cultura Nasca, que vivió en la costa sur del Perú aproximadamente entre el 100 a. C. y el 700 d. C., con geoglifos más antiguos atribuidos a la cultura Paracas.

    ¿Cuántos años tienen las líneas de Nazca?

    La mayoría tiene entre 1.300 y 2.200 años. Los geoglifos de relieve más antiguos podrían remontarse al período Paracas tardío, hacia el 400–200 a. C.

    ¿Por qué solo se ven desde el aire?

    Las figuras de tipo línea son tan grandes que su forma completa se aprecia mejor desde lo alto, pero no fueron diseñadas para ser vistas desde arriba: fueron hechas para recorrerse caminando. Muchas pequeñas figuras de relieve, en cambio, sí son visibles desde el suelo.

    ¿Las líneas de Nazca las hicieron extraterrestres?

    No. No existe ninguna evidencia arqueológica de ello. Las técnicas, la cerámica asociada y la iconografía muestran que son obra de los pueblos originarios del Perú.

    ¿Qué descubrió la inteligencia artificial en Nazca?

    En 2024, la Universidad de Yamagata e IBM confirmaron 303 nuevos geoglifos figurativos gracias a la IA; en 2025 anunciaron otros 248. El total de figurativos conocidos alcanzó 893.

    ¿Se puede visitar las líneas de Nazca?

    Sí. Se pueden ver desde avionetas que despegan de Nazca, Ica o Pisco, o desde el mirador junto a la carretera Panamericana Sur. Está prohibido caminar sobre la pampa sin autorización.

    Conclusión: un mensaje escrito con los pies

    Durante décadas se planteó el enigma de Nazca como una pregunta sobre el cielo: quién miraba desde arriba. La investigación más reciente nos devuelve a la tierra. Las líneas fueron trazadas por comunidades que convertían el desierto en templo, que caminaban en procesión pidiendo agua a las montañas y que dejaron, en senderos llenos de figuras, historias de sacrificio, animales y antepasados.

    El verdadero misterio ya no es si alguien vino de las estrellas, sino qué contaban esas más de ochocientas figuras que hoy, con la ayuda de drones e inteligencia artificial, empezamos a leer. Los Nasca no escribieron libros. Escribieron el desierto. Y el Perú sigue descifrando, línea por línea, ese mensaje.

    Fuentes consultadas

    • Sakai, M. et al. (2024). «AI-accelerated Nazca survey nearly doubles the number of known figurative geoglyphs and sheds light on their purpose». PNAS. https://doi.org/10.1073/pnas.2407652121
    • Universidad de Yamagata, nota de prensa (24/09/2024): https://www.yamagata-u.ac.jp/en/information/info/20240924/
    • PROMPERÚ / gob.pe (01/08/2025): presentación de 248 nuevos geoglifos en la Expo 2025 Osaka-Kansai.
    • Agencia Andina: «Japanese researchers unveil 248 new Peruvian Nasca Lines geoglyphs».
    • UNESCO: «Líneas de Nasca, enigmática obra de la humanidad»; Ministerio de Cultura del Perú, Patrimonio Mundial: Líneas y Geoglifos de Nasca y Palpa.
    • National Geographic: «Why the Nasca lines are among Peru’s greatest mysteries» (cita de Johan Reinhard).
    • Silverman, H. (1988). «Cahuachi: Non-Urban Cultural Complexity on the South Coast of Peru». Journal of Field Archaeology.
    • Lasaponara, R., Masini, N. et al., «Puquios: The Nasca Response to Water Shortage» (Springer).
    • Science (AAAS): «AI identifies hundreds of mysterious Nazca drawings in Peruvian desert».
  • El mecanismo de Anticitera: el «ordenador» griego de hace 2.000 años

    El mecanismo de Anticitera: el «ordenador» griego de hace 2.000 años

    Fragmento principal del mecanismo de Anticitera en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas
    Fragmento principal del mecanismo. Foto: Museo Arqueológico Nacional de Atenas, vía Wikimedia Commons (CC).

    Respuesta rápida: el mecanismo de Anticitera es un instrumento griego de bronce con engranajes. Se recuperó en 1901 de un naufragio de época romana junto a la isla griega de Anticitera. Se construyó probablemente entre finales del siglo III y finales del siglo II a. C. Al girar una manivela, calculaba las posiciones del Sol y de la Luna, las fases lunares, los eclipses y un calendario lunisolar. También seguía el ciclo de los juegos panhelénicos y, según las reconstrucciones actuales, mostraba las posiciones de los cinco planetas conocidos en la Antigüedad. Se considera la computadora analógica más antigua que se conoce.


    Un hallazgo que no debería existir

    En la historia de la tecnología hay objetos que encajan sin problema en su época, y hay otros que parecen fuera de lugar. El mecanismo de Anticitera pertenece al segundo grupo. Es un amasijo de bronce corroído, más o menos del tamaño de una caja de zapatos, y durante décadas desconcertó a arqueólogos, historiadores de la ciencia e ingenieros. Dentro tenía ruedas dentadas cortadas a mano, con dientes triangulares de apenas un milímetro y medio, montadas en trenes de engranajes capaces de reproducir el movimiento irregular de la Luna en el cielo.

    No conocemos ningún otro aparato con una complejidad parecida hasta los relojes astronómicos de la Europa medieval, más de mil años después. Por eso se le llama a menudo «el primer ordenador del mundo». La etiqueta es exagerada y, al mismo tiempo, no está del todo equivocada.

    Aquí no hay misterio sobrenatural ni visitantes de otros mundos. El enigma es más interesante que eso. ¿Cómo una civilización sin máquinas herramienta, sin metal normalizado y sin notación algebraica pudo convertir siglos de astronomía en una máquina portátil? ¿Por qué no conservamos ninguna otra igual?

    El naufragio de Anticitera: esponjeros, una tormenta y un barco romano

    Ubicación de la isla de Anticitera entre el Peloponeso y Creta
    Mapa de ubicación. Wikimedia Commons (CC).

    Una isla diminuta en una ruta muy transitada

    Anticitera (en griego, Antikýthira) es una isla pequeña y escarpada. Está entre la isla de Citera y el extremo noroccidental de Creta, justo en el paso marítimo que comunica el Egeo con el Mediterráneo occidental. En la Antigüedad, por esas aguas pasaban los barcos que llevaban mercancías desde el Mediterráneo oriental hacia Italia. Era también un mar peligroso, de vientos fuertes y corrientes traicioneras.

    Imagen satelital de la isla de Anticitera
    Imagen ASTER de la isla. Foto: NASA/Wikimedia Commons (dominio público/CC).

    1900: el descubrimiento casual

    Según el relato tradicional, en la primavera de 1900 un grupo de buceadores de esponjas de la isla de Sime (Symi), al mando del capitán Dimitrios Kontos, se refugió de una tormenta junto a Anticitera. Cuando el tiempo mejoró, uno de los buzos bajó cerca del cabo Glyfada (Point Glyphadia) y encontró en el fondo, a unos 45 metros de profundidad, los restos de un barco antiguo cargado de estatuas.

    Las autoridades griegas organizaron con la Armada Real Helénica una de las primeras grandes campañas de arqueología subacuática de la historia, que se prolongó entre 1900 y 1901. Las condiciones eran durísimas. Los buzos trabajaban con escafandras rudimentarias, a una profundidad en la que la narcosis por nitrógeno y la enfermedad por descompresión eran riesgos reales. Un buzo murió y otros quedaron con secuelas.

    Lo que salió del fondo del mar

    El cargamento era espectacular: estatuas de bronce y de mármol, entre ellas el célebre Efebo de Anticitera, además de cerámica, vidrio de gran calidad, joyas y monedas. El barco era un mercante de época romana. Por la cerámica y las monedas, el naufragio se fecha hacia el 70–60 a. C. El mecanismo apareció entre los restos en 1901, probablemente en julio. Nadie le prestó atención: era un bloque informe de bronce y madera corroídos, mucho menos llamativo que una estatua.

    1902: alguien ve un engranaje

    En 1902, el político Spyridon Stais visitó el Museo Arqueológico Nacional de Atenas y se fijó en que uno de los fragmentos, que se había partido al secarse la madera, mostraba una rueda dentada. Su primo, el arqueólogo Valerios Stais, director del museo, fue el primero en estudiarlo. Ahí empezó un siglo de investigación.

    Qué es exactamente el mecanismo de Anticitera

    Fragmento A, el más grande, con la gran rueda principal visible
    Fragmento A. Foto: Wikimedia Commons (CC).

    Lo que se conserva

    Hoy el mecanismo está dividido en 82 fragmentos, todos guardados en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas. Los siete mayores se identifican con letras (de la A a la G) y los menores con números. Se calcula que se conserva aproximadamente un tercio del aparato original. Entre los restos hay 30 ruedas dentadas de bronce, y la mayor parte está en el fragmento A.

    El instrumento iba montado en una caja de madera de unos 34 × 18 × 9 cm, aunque estas medidas son aproximadas. La rueda principal mide unos 13 cm de diámetro y tenía originalmente unos 223 dientes. Esa cifra no es casual: 223 es el número de meses lunares del ciclo de Saros, que se usaba para predecir eclipses.

    Cómo se usaba

    El principio era sencillo, aunque su ejecución fuera muy compleja. El usuario giraba una manivela lateral y así hacía avanzar el tiempo. Una vuelta completa de la rueda principal equivalía a un año solar. Los engranajes traducían ese giro en movimientos sincronizados de varias agujas y esferas: el aparato funcionaba como un calendario y un planetario mecánicos que se podían adelantar o atrasar a voluntad.

    Un «manual de instrucciones» grabado en bronce

    El mecanismo llevaba inscripciones en griego en sus placas y cubiertas. Funcionaban casi como un manual de usuario: describían lo que mostraban las esferas y daban datos astronómicos. Gracias a la tomografía de rayos X se han leído miles de caracteres que llevaban dos milenios sin verse.

    Las funciones astronómicas: un cosmos de bolsillo

    Detalle de otro fragmento del mecanismo de Anticitera con engranajes corroídos
    Otro fragmento del mecanismo. Foto: Museo Arqueológico Nacional de Atenas, vía Wikimedia Commons (CC).

    La cara frontal: el Sol, la Luna y los planetas

    En la cara frontal había una gran esfera con dos escalas concéntricas:

    • El zodiaco, dividido en 360 grados y en los doce signos.
    • El calendario egipcio de 365 días, con un anillo que se podía mover para corregir el desfase acumulado frente al año solar real.

    Sobre esas escalas giraban punteros que indicaban la posición del Sol y de la Luna en el zodiaco. Una pequeña esfera giratoria, mitad clara y mitad oscura, mostraba la fase de la Luna.

    Las inscripciones de la cubierta frontal mencionan también a Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, es decir, los cinco planetas visibles a simple vista. Los engranajes que movían esos planetas no se han conservado, pero las inscripciones dejan claro que el aparato los mostraba. Reconstruir ese «cosmos» frontal ha sido el gran reto de la investigación reciente.

    La anomalía lunar: el mecanismo de clavija y ranura

    Uno de los detalles más brillantes del aparato es cómo reproduce la velocidad variable de la Luna. Hoy sabemos que la órbita lunar es elíptica y que por eso la Luna parece moverse más deprisa cuando está más cerca de la Tierra. Los griegos no conocían las elipses de Kepler, pero sí la irregularidad. El astrónomo Hiparco, en el siglo II a. C., la explicó con modelos geométricos de epiciclos y excéntricas.

    El mecanismo lo resuelve con dos ruedas montadas sobre ejes ligeramente desplazados. Una clavija de una rueda encaja en una ranura de la otra. El resultado es una velocidad que acelera y frena de forma periódica. Además, todo el conjunto va montado sobre otra rueda que gira lentamente, de modo que la variación también se desplaza con el tiempo, igual que la órbita real de la Luna. Es la teoría lunar de Hiparco convertida en bronce.

    La cara posterior: calendarios y eclipses

    En la parte trasera había dos grandes esferas en espiral, además de varias esferas secundarias:

    • Esfera superior (ciclo metónico): una espiral de cinco vueltas dividida en 235 meses lunares, que equivalen casi exactamente a 19 años solares. Servía para cuadrar el calendario lunar con el solar. Los nombres de los meses grabados en ella son de origen corintio, un dato clave para el debate sobre su origen.
    • Esfera de los juegos: una pequeña esfera de cuatro sectores indicaba qué juegos panhelénicos tocaban cada año, entre ellos los Juegos Olímpicos, las Ístmicas, las Nemeas y las Píticas, además de otros juegos de alcance regional.
    • Esfera inferior (ciclo de Saros): una espiral de 223 meses lunares, unos 18 años y 11 días, que es el ciclo después del cual se repiten los eclipses. En algunas celdas había glifos que indicaban si se esperaba un eclipse de Sol o de Luna, con la hora aproximada y otras características.
    • Esfera del Exeligmos: una esfera auxiliar que corregía la diferencia de horas del Saros (un tercio de día), de modo que un ciclo de tres Saros devuelve los eclipses a la misma hora del día.

    Los ciclos de Saros y metónico venían de la astronomía babilónica, acumulada durante siglos de observaciones en tablillas cuneiformes. La geometría que los combinaba era griega. El mecanismo es el resultado de esas dos tradiciones.

    ¿Cuándo se construyó? El debate sobre la datación

    Fechar el mecanismo es más difícil de lo que parece. Hay que distinguir entre tres cosas: la fecha del naufragio, la fecha de fabricación y la fecha de calibración, que es el momento a partir del cual están calculadas sus esferas.

    | Propuesta | Fecha | Base | |—|—|—| | Naufragio | c. 70–60 a. C. | Cerámica, monedas y otros objetos del pecio | | Construcción (estimación clásica) | c. 150–100 a. C. | Estilo de las letras de las inscripciones | | Inicio del ciclo de eclipses (Carman y Evans, 2014) | c. 205 a. C. | Análisis del patrón de eclipses de la esfera de Saros | | Calibración propuesta por Voulgaris y colaboradores (2022) | 23 de diciembre de 178 a. C. | Coincidencias astronómicas en las esferas | | Calibración alternativa (Freeth y otros) | c. 204 a. C. | Revisión de los datos de eclipses |

    El consenso razonable es que el mecanismo se diseñó y se fabricó en algún momento entre finales del siglo III y finales del siglo II a. C., y que ya tenía décadas de uso cuando se hundió. Las fechas de calibración siguen discutiéndose y no deben confundirse con la fecha de construcción.

    ¿Quién lo hizo?

    No lo sabemos. Hay varias hipótesis:

    • Rodas, donde trabajó Hiparco y donde funcionaba la escuela del filósofo y astrónomo Posidonio. Cicerón cuenta que Posidonio construyó una esfera que mostraba los movimientos del Sol, la Luna y los planetas.
    • Corinto o alguna de sus colonias, como Siracusa, por los nombres de los meses del calendario. Esta pista ha llevado a relacionarlo, de forma especulativa, con la tradición de Arquímedes, de quien Cicerón dice que construyó una esfera planetaria que el general Marcelo se llevó a Roma.
    • El noroeste de Grecia (Epiro), por algunos detalles del calendario y de los juegos registrados.

    Lo que sí está claro es que no fue un experimento aislado. El grado de miniaturización y la seguridad del diseño indican que hubo una tradición de fabricantes con instrumentos anteriores que no se han conservado. El bronce se reciclaba y se fundía, así que quizá el mecanismo sobrevivió solo porque se hundió.

    Un siglo de investigación: de Price a la tomografía de rayos X

    Derek de Solla Price y «Gears from the Greeks»

    Después de los primeros estudios de Stais y del filólogo alemán Albert Rehm, el gran impulso llegó con el físico e historiador de la ciencia británico Derek J. de Solla Price. En los años 50 publicó un artículo en Scientific American y en 1974 la monografía Gears from the Greeks. Junto con el radiólogo griego Charalambos Karakalos, usó radiografías de rayos gamma y rayos X para contar dientes y proponer el primer modelo completo del tren de engranajes. Price acertó en mucho y se equivocó en algunos detalles, pero fue él quien convirtió el objeto en un problema científico serio.

    Michael Wright: el conservador que lo reconstruyó a mano

    Michael Wright, conservador de ingeniería mecánica del Museo de Ciencias de Londres, dedicó décadas al mecanismo. Con tomografía lineal identificó más detalles de los engranajes. Sobre todo, construyó réplicas funcionales que demostraron, entre otras cosas, que la esfera superior posterior era una espiral y que el aparato podía mostrar los planetas.

    2005: el Proyecto de Investigación del Mecanismo de Anticitera

    El salto decisivo llegó en 2005 con el Antikythera Mechanism Research Project (AMRP), un equipo internacional formado por investigadores de la Universidad de Cardiff, las universidades de Atenas y Tesalónica y el Museo Arqueológico Nacional. Participaron, entre otros, Tony Freeth, Mike Edmunds, Yanis Bitsakis, Xenophon Moussas y John Seiradakis. Utilizaron dos tecnologías:

    • Tomografía computarizada de rayos X de microfoco, con un equipo de unas 8 toneladas que la empresa X-Tek Systems llevó a Atenas. Producía imágenes tridimensionales del interior de los fragmentos.
    • Polynomial Texture Mapping (PTM), una técnica de imagen de superficie desarrollada por Hewlett-Packard que ilumina el objeto desde decenas de ángulos para resaltar inscripciones casi borradas.

    En 2006, la revista Nature publicó los resultados. El equipo había reconstruido el funcionamiento de los engranajes de la parte posterior, había duplicado el número de inscripciones descifradas y había confirmado la predicción de eclipses con el ciclo de Saros y el mecanismo de clavija y ranura para la anomalía lunar. Desde entonces, el artículo es la referencia principal sobre el mecanismo.

    2021: el «Cosmos» de Freeth y el equipo de UCL

    Reconstrucción del mecanismo de Anticitera expuesta en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas
    Reconstrucción en el Museo de Atenas. Foto: Wikimedia Commons (CC).

    Faltaba la parte delantera. En marzo de 2021, un equipo del University College de Londres (UCL) dirigido por Tony Freeth publicó en Scientific Reports el artículo «A Model of the Cosmos in the ancient Greek Antikythera Mechanism». Partiendo de los datos de 2005 y de las inscripciones de la cubierta frontal, propusieron un modelo completo de la pantalla frontal con anillos concéntricos para el Sol, la Luna y los cinco planetas, incluidos sus movimientos retrógrados.

    Para reproducir los periodos planetarios, el equipo usó ciclos de la astronomía babilónica y un método matemático que atribuyen a la tradición de Parménides y de la Academia de Platón. El objetivo era encontrar engranajes que cupieran en el espacio disponible y que fueran compatibles con los restos. Los propios autores reconocen que su modelo no es una réplica segura del original, porque falta demasiado material, pero sí es el primero que encaja con todas las pruebas físicas y con las inscripciones.

    2024: un calendario de 354 días

    En 2024, los astrónomos Graham Woan y Joseph Bayley, de la Universidad de Glasgow, aplicaron técnicas estadísticas que se usan en el análisis de ondas gravitacionales a los agujeros de un anillo fragmentado del calendario. Llegaron a la conclusión de que el anillo tenía muy probablemente 354 agujeros, la duración de un año lunar, y no los 365 de un año solar. El hallazgo apoya la idea de que el fabricante siguió un calendario lunar, como hacía la astronomía griega. La investigación sobre el mecanismo, por tanto, sigue abierta.

    Las réplicas: devolver el movimiento al bronce

    Réplica moderna del panel frontal del mecanismo de Anticitera
    Réplica de Massimo Vicentini. Foto: Wikimedia Commons (CC BY-SA).

    Construir réplicas no es solo una forma de divulgación: es la mejor prueba de que una hipótesis funciona. Algunos ejemplos:

    • Derek de Solla Price y colaboradores encargaron modelos basados en su reconstrucción de 1974.
    • Michael Wright construyó varias réplicas en bronce, con el sistema planetario incluido.
    • Massimo Vicentini y otros artesanos han fabricado modelos del panel frontal con esferas de calendario y zodiaco.
    • En 2010, un ingeniero de Apple, Andrew Carol, construyó una versión con LEGO que calculaba eclipses, como demostración del principio.
    • El youtuber relojero Chris Budiselic (Clickspring) ha reconstruido el mecanismo con herramientas y técnicas antiguas, y ha contribuido incluso a la investigación académica sobre él.
    • El equipo de UCL anunció en 2021 su intención de construir una réplica física completa con su nuevo modelo del «Cosmos».

    Varias reconstrucciones se exponen en el Museo Arqueológico Nacional de Atenas, junto a los fragmentos originales.

    ¿Es realmente un «ordenador»?

    Depende de lo que entendamos por ordenador. El mecanismo no es programable, no almacena información variable y no ejecuta algoritmos generales. Sería un error compararlo con un PC.

    Sí es, en sentido estricto, una computadora analógica: un dispositivo que representa magnitudes, en este caso los ángulos y los periodos astronómicos, mediante cantidades físicas, en este caso las rotaciones de los engranajes, y que hace cálculos con ellas. Las relaciones entre los números de dientes equivalen a multiplicaciones y divisiones de fracciones. Al girar la manivela, el aparato resolvía ecuaciones que a un astrónomo le habrían costado horas de cálculo con tablas.

    En palabras del equipo de Freeth, fue el primer dispositivo conocido que mecanizó las predicciones de teorías científicas.

    Los mitos que conviene desmontar

    Un objeto así atrae teorías extravagantes. Conviene aclarar algunas:

    1. «Es tecnología alienígena o de una civilización perdida.» No. Todos sus elementos se explican con conocimientos griegos y babilónicos bien documentados: los ciclos de Saros y de Metón, la teoría lunar de Hiparco y la mecánica de engranajes que describen autores como Herón de Alejandría.
    2. «Es un objeto moderno que llegó al barco por error.» No. Se recuperó en contexto arqueológico y su corrosión, sus materiales y sus inscripciones son coherentes con la Antigüedad.
    3. «Era un instrumento de navegación.» No hay pruebas. Sus funciones son astronómicas y de calendario, no náuticas.
    4. «Fue único en su época.» Es lo único que se ha conservado, que no es lo mismo. Las fuentes escritas, como Cicerón, describen esferas parecidas, y el refinamiento del diseño indica que tuvo predecesores.

    Por qué sigue siendo un gran enigma

    El mecanismo de Anticitera no es un misterio porque desafíe a la ciencia. Lo es porque cambia lo que creíamos saber sobre la tecnología antigua. Quedan muchas preguntas abiertas:

    • ¿Quién lo diseñó y en qué taller se fabricó?
    • ¿Cómo eran exactamente los engranajes planetarios que se han perdido?
    • ¿Para qué servía: para enseñar, para exhibirse como objeto de prestigio o para practicar la astrología?
    • ¿Por qué esta tradición tecnológica desapareció casi sin dejar rastro hasta que, siglos después, reaparecieron engranajes complejos en el mundo islámico y en la Europa medieval?

    Las exploraciones del pecio también continúan. Jacques Cousteau volvió a explorarlo en 1976. Desde 2012, campañas modernas dirigidas por el Eforado de Antigüedades Subacuáticas de Grecia y otras instituciones han recuperado nuevos objetos, entre ellos restos humanos y piezas de estatuas. No se descarta que el fondo de Anticitera guarde más fragmentos.

    Conclusión

    Un bloque de bronce verde, sacado del mar por esponjeros hace más de un siglo, resultó ser una de las máquinas más extraordinarias de la Antigüedad. El mecanismo de Anticitera reunía en una caja de madera la astronomía babilónica, la geometría griega y una habilidad de orfebre. Predecía eclipses, seguía el calendario y marcaba los Juegos Olímpicos, más de mil años antes de que Europa construyera algo parecido.

    Su verdadera lección no es la historia de una tecnología imposible. Es otra: el ingenio humano antiguo fue mucho mayor de lo que nos han contado, y gran parte de él se ha perdido. En Grandes Enigmas seguiremos buscando esos huecos de la historia.


    Fuentes principales

    • Freeth, T. et al. (2006). «Decoding the ancient Greek astronomical calculator known as the Antikythera Mechanism». Nature 444, 587–591.
    • Freeth, T. et al. (2021). «A Model of the Cosmos in the ancient Greek Antikythera Mechanism». Scientific Reports 11, 5821.
    • UCL News (marzo de 2021). «Experts recreate a mechanical Cosmos for the world’s first computer».
    • Price, D. J. de S. (1974). Gears from the Greeks. American Philosophical Society.
    • Woan, G. y Bayley, J. (2024). Análisis del anillo de calendario. The Horological Journal.
    • Museo Arqueológico Nacional de Atenas: colección del naufragio de Anticitera.

    Imágenes: Wikimedia Commons, con sus licencias respectivas (CC BY / CC BY-SA / dominio público). Verifique la atribución de cada archivo antes de publicar.

  • El incidente del paso Dyatlov: qué mató realmente a los 9 excursionistas

    El incidente del paso Dyatlov: qué mató realmente a los 9 excursionistas

    En la noche del 1 al 2 de febrero de 1959, nueve jóvenes excursionistas soviéticos murieron en la ladera de una montaña de los Urales del Norte. Su tienda apareció rasgada desde dentro, sus cuerpos dispersos a más de un kilómetro de distancia, varios descalzos y en ropa interior a temperaturas cercanas a −30 °C. Algunos presentaban fracturas graves sin heridas externas visibles. La investigación soviética se cerró en mayo de 1959 con una frase que alimentó seis décadas de especulación: murieron por una «fuerza natural irresistible».

    Este artículo reconstruye lo que se sabe con certeza, separa los datos de los mitos y evalúa, con la evidencia disponible en 2026, cuál es la explicación más sólida de lo ocurrido en el llamado paso Dyatlov.

    Respuesta breve: ¿qué mató a los excursionistas?

    • Causa inmediata de la mayoría de las muertes: hipotermia.
    • Causa de las lesiones graves (tres de los nueve): traumatismos de alta energía —fracturas de costillas y de cráneo— compatibles con una caída o con el peso de nieve compactada.
    • Desencadenante más probable de la huida de la tienda: un pequeño alud de placa de nieve (slab avalanche), según la revisión oficial de la Fiscalía rusa (2020) y el modelo publicado por Johan Gaume y Alexander Puzrin en Communications Earth & Environment (2021).
    • Lo que sigue abierto: la secuencia exacta de los hechos y algunos detalles forenses que ninguna teoría explica por completo.

    Contexto: una expedición de categoría III

    El grupo y su objetivo

    El grupo estaba formado por estudiantes y graduados del Instituto Politécnico de los Urales (hoy Universidad Federal de los Urales, en Ekaterimburgo, entonces Sverdlovsk). Su objetivo era alcanzar el monte Otorten, en el norte de la óblast de Sverdlovsk, en una ruta de esquí de categoría III, la más exigente del sistema de clasificación deportiva soviético. Todos eran excursionistas experimentados en invierno.

    Mapa de la zona del paso Dyatlov y la ruta del grupo en los Urales del Norte
    Mapa de la zona del paso Dyatlov. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA.

    El líder era Ígor Dyatlov, de 23 años, estudiante de radiotecnia. Por él se bautizó después el paso.

    Los integrantes

    Nombre Edad Perfil
    Ígor Dyatlov 23 Líder, estudiante de radiotecnia
    Zinaida Kolmogórova 22 Estudiante de radiotecnia
    Liudmila Dubínina 20 Estudiante de economía
    Aleksandr Kolevátov 24 Estudiante de física nuclear
    Rustem Slobodín 23 Ingeniero
    Yuri Krivonischenko 23 Ingeniero
    Yuri Doroshenko 21 Estudiante
    Nikolái Thibeaux-Brignolle 23 Ingeniero
    Semión Zolotariov 37 Instructor de excursionismo, veterano de la Segunda Guerra Mundial
    Yuri Yudin 21 Abandonó la ruta por enfermedad y sobrevivió

    Yuri Yudin se retiró el 28 de enero de 1959 en el poblado abandonado de Segundo Norte por un dolor reumático. Fue el único superviviente y, durante décadas, una de las voces más citadas del caso. Murió en 2013.

    Cronología de los hechos

    Del 23 de enero al 1 de febrero de 1959

    1. 23 de enero: el grupo sale de Sverdlovsk en tren.
    2. 25–27 de enero: llegan a Ivdel y Vizhai, últimos núcleos habitados, y avanzan hacia Segundo Norte.
    3. 28 de enero: Yudin regresa. Quedan nueve.
    4. 31 de enero: el grupo alcanza el borde de la zona alpina y deja un depósito de víveres en el valle del río Auspiya.
    5. 1 de febrero: intentan cruzar el paso, pero el mal tiempo y la poca visibilidad los desvían hacia el oeste. Montan la tienda en la ladera nororiental del Kholat Syakhl (en lengua mansi, «montaña muerta» o «montaña vacía»), aproximadamente a 1,5 km de la cima. La última foto y las anotaciones del diario indican que acamparon a última hora de la tarde.
    Paisaje del valle del río Auspiya, en los Urales del Norte, en 2015
    Valle del río Auspiya, 2015. Wikimedia Commons, licencia CC BY.

    Se ha discutido mucho por qué Dyatlov eligió un lugar expuesto en vez de bajar al bosque. La explicación más aceptada es práctica: no querían perder la altura ganada y habían practicado acampadas en pendientes abiertas.

    La noche del 1 al 2 de febrero

    Algo obligó a los nueve a abandonar la tienda de forma precipitada. La tienda fue cortada desde dentro, según el peritaje de la época. Los excursionistas salieron sin botas, con poca ropa y dejando dentro hachas, comida y equipo. Las huellas muestran que bajaron la ladera caminando de forma ordenada, no corriendo en pánico, en dirección al bosque, a unos 1,5 km.

    Campamento y tienda del grupo de Dyatlov en la ladera del Kholat Syakhl, febrero de 1959

    La búsqueda y los hallazgos

    El grupo debía enviar un telegrama de llegada a Vizhai hacia el 12 de febrero. Como era habitual que hubiera retrasos, la alarma tardó en saltar. La búsqueda empezó el 20 de febrero.

    Modelo 3D del Kholat Syakhl y su ladera, donde se halló la tienda
    Modelo 3D del Kholat Syakhl. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA.
    • 26 de febrero: el estudiante Mijaíl Sharavin y otros rescatadores encuentran la tienda medio enterrada en nieve, dañada y vacía.
    • 27 de febrero: junto a un gran cedro, en el linde del bosque, aparecen Krivonischenko y Doroshenko, junto a restos de una hoguera, en ropa interior. Ramas del cedro rotas hasta unos cinco metros de altura sugieren que alguien trepó, quizá para buscar la tienda o recoger leña.
    • Entre el cedro y la tienda, en posturas que sugieren que intentaban regresar a ella, se hallan Dyatlov, Kolmogórova y (el 5 de marzo) Slobodín.
    • 4 de mayo: tras el deshielo, en un barranco a unos 75 metros del cedro y bajo unos cuatro metros de nieve, aparecen los cuatro restantes: Dubínina, Zolotariov, Thibeaux-Brignolle y Kolevátov. Estaban mejor vestidos, con prendas que parecían tomadas de los compañeros muertos junto al cedro. Cerca se halló un suelo de ramas que pudo servir de refugio improvisado.

    Lo que dijeron las autopsias

    El primer grupo: hipotermia

    Los cinco primeros cuerpos murieron de hipotermia. Slobodín tenía una pequeña fisura en el cráneo, considerada insuficiente para causar la muerte por sí sola.

    El grupo del barranco: traumatismos graves

    Los forenses describieron lesiones mucho más llamativas:

    • Thibeaux-Brignolle: fractura grave del cráneo.
    • Dubínina y Zolotariov: fracturas múltiples de costillas, comparables, según el forense Borís Vozrozhdenni, a las de un accidente de tráfico, con poco daño externo en los tejidos blandos.
    • Dubínina carecía de lengua, ojos y parte de los labios; Zolotariov carecía de ojos. Estos detalles, los más usados en las versiones sensacionalistas, se explican de forma razonable por la descomposición en agua corriente —los cuerpos yacían en un arroyo bajo la nieve— y por la acción de carroñeros.
    • Kolevátov murió de hipotermia.

    Radiación y otros detalles

    Algunas prendas mostraron niveles elevados de radiactividad en el análisis de 1959. Hay que recordar que Krivonischenko había trabajado en el complejo nuclear de Mayak, en Ozersk, y que en la investigación también participó un estudiante de física nuclear. La contaminación de ropa de trabajo es una explicación sencilla; no hay pruebas de exposición letal.

    Se ha mencionado también que la piel de algunos cuerpos tenía un color anaranjado o grisáceo y que el pelo de algunos estaba encanecido. Los forenses lo atribuyeron a la exposición prolongada al frío, al sol y a la descomposición.

    El cierre de 1959 y el nacimiento del enigma

    El fiscal Lev Ivanov cerró el caso el 28 de mayo de 1959 con la conclusión de que la muerte se debió a una «fuerza natural irresistible» (стихийная сила). Los archivos fueron clasificados y solo empezaron a circular de forma pública en la década de 1990. La combinación de secretismo soviético, detalles forenses truculentos y una conclusión vaga creó un terreno perfecto para la especulación.

    Portada del expediente del caso penal de 1959 sobre el incidente del paso Dyatlov

    En 1990, el propio Ivanov publicó un artículo en el que mencionaba «bolas de fuego» vistas en el cielo de la región en aquellas semanas, lo que alimentó las hipótesis extraordinarias. Hoy sabemos que en febrero y marzo de 1959 hubo lanzamientos de misiles desde el cosmódromo de Baikonur, lo que explica de forma razonable algunos de esos avistamientos.

    Las teorías principales

    1. Alud de placa de nieve (la más respaldada)

    Qué propone: sobre la tienda, montada en un corte hecho en la pendiente, se desprendió un bloque compacto de nieve (una placa). El peso aplastó parte de la tienda y del interior; los excursionistas, temiendo un alud mayor, cortaron la lona y bajaron hacia el bosque para refugiarse, con la intención de volver. Allí murieron de frío. Las lesiones graves se habrían producido en la tienda por la placa, o en el barranco al caer o derrumbarse la nieve sobre su refugio.

    Mapa de la pendiente de la ladera donde se montó la tienda
    Mapa de pendientes de la ladera. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA.

    Las objeciones clásicas:

    • La pendiente media parecía demasiado suave (menos de 30°) para un alud.
    • Los rescatadores no vieron restos claros de un alud tres semanas después.
    • Las huellas fuera de la tienda seguían visibles.
    • ¿Por qué el alud habría ocurrido horas después de montar la tienda?

    Las respuestas de la ciencia reciente:

    • En 2019, la Fiscalía General de Rusia reabrió el caso con tres hipótesis naturales. En julio de 2020 concluyó que la causa fue un alud de placa combinado con mala visibilidad y hipotermia. La conclusión fue criticada por familiares y por la fundación del caso, que la consideraron precipitada.
    • En enero de 2021, Johan Gaume (EPFL, Suiza) y Alexander Puzrin (ETH Zúrich) publicaron en Communications Earth & Environment un modelo que responde a las objeciones:
    • El corte en la pendiente para instalar la tienda desestabilizó la capa de nieve.
    • Vientos catabáticos depositaron gradualmente nieve sobre esa capa, lo que explica el retraso de varias horas entre el corte y el colapso.
    • La pendiente local, medida con mayor precisión, era más inclinada (unos 28°) de lo que se creía y bastaba para una placa pequeña.
    • Una placa relativamente pequeña, de pocos metros, es difícil de reconocer semanas después, sobre todo con viento y nevadas posteriores.
    • Mediante simulaciones —usando incluso el código de animación de nieve de la película Frozen (2013), y pruebas con cadáveres de impacto realizadas por la industria automovilística— mostraron que un bloque de nieve dura podía causar fracturas de tórax y cráneo sin matar en el acto, en personas que dormían sobre los esquís colocados en el suelo de la tienda.
    • En 2021–2022, expediciones al lugar documentaron condiciones compatibles con placas de nieve en la zona, aunque otros investigadores rusos siguen disputando el modelo.

    Valoración: es la explicación más coherente con la física de la nieve, con el comportamiento del grupo (salida ordenada, intención de volver) y con las lesiones. Gaume y Puzrin reconocen que no explica todos los detalles y la presentan como una hipótesis plausible, no como una prueba definitiva.

    2. Infrasonido por vórtices de viento

    Qué propone: popularizada por el documentalista Donnie Eichar en su libro Dead Mountain (2013), con apoyo de científicos de la NOAA. El viento que rodea la cima redondeada del Kholat Syakhl podría generar una calle de vórtices de Kármán, produciendo infrasonidos (por debajo de 20 Hz) que provocan malestar, ansiedad y pánico en humanos.

    Puntos fuertes: explicaría una huida irracional de la tienda.

    Puntos débiles: los efectos del infrasonido en las personas son débiles e inconsistentes en los estudios experimentales; no explica las fracturas; y las huellas muestran un descenso ordenado, no una estampida de pánico. Hoy se considera una hipótesis secundaria.

    3. Viento extremo o huracán catabático

    Variante meteorológica: una ráfaga violenta habría derribado o amenazado la tienda, empujando al grupo hacia el bosque. Los registros reconstruidos sugieren vientos fuertes y frío intenso esa noche. Puede combinarse con la teoría del alud, pero por sí sola tampoco explica bien las fracturas.

    4. Pruebas militares (misiles, paracaídas, explosiones)

    Qué propone: el grupo habría sido testigo o víctima de una prueba armamentística soviética, incluidas explosiones o la caída de restos de cohetes.

    Datos a favor: las «bolas de fuego» vistas en la región; la radiación en la ropa; el secretismo de la investigación.

    Datos en contra: no hay restos de metralla, quemaduras ni lesiones por onda expansiva; los árboles cercanos no muestran daños de explosión; los avistamientos de luces se registraron en fechas que no coinciden con la noche del incidente; y el secretismo era rutinario en la URSS. No hay pruebas documentales.

    5. Ataque humano: mansis, presos fugados o agentes

    • Los mansis, pueblo indígena de la zona, fueron sospechosos al principio; la investigación los descartó. No había huellas de otras personas y nada de valor fue robado.
    • Presos de los gulags cercanos: sin pruebas.
    • Operación de espionaje (teoría de Alekséi Rakitin, Muerte siguiendo el rastro): Zolotariov, Kolevátov y Krivonischenko habrían sido agentes del KGB en una entrega controlada a espías occidentales. Es una teoría elaborada pero especulativa y sin respaldo documental.

    Contra todas ellas: las heridas no son de armas, no hubo pelea, y el comportamiento del grupo (bajar al bosque, hacer fuego, construir un refugio) es el de personas que se protegen del frío, no de atacantes.

    6. Teorías extraordinarias: ovnis, yetis, maldiciones

    Ocupan buena parte de la cultura popular —incluida la película Devil’s Pass (2013)—, pero no tienen ninguna base probatoria. Proceden de interpretaciones forzadas de las fotos, de la «piel naranja» y de las luces en el cielo.

    Comparativa de teorías

    Teoría Explica la huida Explica las fracturas Explica el retraso Evidencia física
    Alud de placa Sí Sí (parcialmente) Sí (modelo 2021) Moderada
    Infrasonido Sí No No aplica Débil
    Viento extremo Sí No Sí Moderada
    Prueba militar Parcial Parcial No Muy débil
    Ataque humano Parcial Parcial No Nula
    Paranormal — — — Nula

    ¿Qué pasó realmente? Una reconstrucción plausible

    Con la evidencia disponible, la secuencia más probable es:

    Mapa de la teoría del alud de placa de nieve en el paso Dyatlov
    Mapa de la teoría del alud de placa. Wikimedia Commons, licencia CC BY-SA.
    1. El grupo corta la pendiente para montar la tienda en la tarde del 1 de febrero.
    2. Durante la noche, el viento acumula nieve sobre la ladera. Una placa pequeña se desprende y cae sobre la parte de la tienda donde algunos dormían.
    3. Asustados por la posibilidad de un alud mayor y sin poder salir por la entrada bloqueada, cortan la lona y salen con lo puesto. Llevan a los heridos.
    4. Bajan de forma ordenada unos 1,5 km hasta el bosque, buscando refugio del viento. Pretenden volver al amanecer.
    5. Encienden una hoguera junto al cedro. Krivonischenko y Doroshenko mueren de hipotermia.
    6. Dyatlov, Kolmogórova y Slobodín intentan regresar a la tienda y mueren en la ladera.
    7. Los cuatro restantes, con los heridos y con la ropa de los muertos, construyen un refugio en el barranco. Mueren por frío y lesiones; la nieve y el arroyo hacen el resto durante tres meses.

    Sigue habiendo puntos sin explicación definitiva —el momento exacto de las fracturas, el estado mental del grupo—, pero ninguna hipótesis alternativa encaja mejor con el conjunto de los datos.

    Por qué el caso sigue vivo

    • El secretismo soviético y la tardía publicación de los archivos.
    • La fórmula ambigua de «fuerza natural irresistible».
    • Los detalles forenses que, sacados de contexto, parecen inexplicables.
    • Las fotografías y diarios del propio grupo, que humanizan la tragedia.
    • La desconfianza de familiares y de la Fundación Dyatlov hacia la reapertura de 2019–2020.

    En 1963 se instaló una placa en memoria de los fallecidos en la zona, y el paso lleva oficialmente el nombre de Dyatlov. Los nueve están enterrados en el cementerio Mijáilovskoe de Ekaterimburgo (Zolotariov, en el cementerio de Ivánovskoe).

    Preguntas frecuentes

    ¿Cuándo ocurrió el incidente del paso Dyatlov?

    En la noche del 1 al 2 de febrero de 1959, en la ladera nororiental del Kholat Syakhl, en los Urales del Norte (Rusia).

    ¿Cuántas personas murieron?

    Nueve. Un décimo integrante, Yuri Yudin, abandonó la expedición el 28 de enero y sobrevivió.

    ¿Por qué cortaron la tienda desde dentro?

    Probablemente porque la entrada estaba bloqueada o porque la tienda colapsó parcialmente bajo nieve, y necesitaban salir de inmediato.

    ¿Hubo radiación?

    Se detectó contaminación radiactiva en algunas prendas, pero no en niveles letales. Una explicación probable es el trabajo previo de alguno de los integrantes en instalaciones nucleares.

    ¿Cuál es la conclusión oficial actual?

    En 2020, la Fiscalía rusa concluyó que la causa fue un alud de placa de nieve combinado con mala visibilidad y la hipotermia posterior.

    ¿Está resuelto el caso?

    Científicamente, existe una explicación sólida y coherente (el alud de placa). Sin embargo, no hay consenso absoluto y algunos detalles siguen debatiéndose.

    Fuentes recomendadas

    • Gaume, J. y Puzrin, A. M. (2021). «Mechanisms of slab avalanche release and impact in the Dyatlov Pass incident in 1959». Communications Earth & Environment, 2, 10.
    • Fiscalía General de la Federación de Rusia, comunicados sobre la revisión del caso (2019–2020).
    • Eichar, D. (2013). Dead Mountain: The Untold True Story of the Dyatlov Pass Incident.
    • Archivo del caso penal (1959), parcialmente digitalizado en Wikimedia Commons.
  • El manuscrito Voynich: el libro que nadie ha logrado leer en 600 años

    El manuscrito Voynich: el libro que nadie ha logrado leer en 600 años

    Hay un libro guardado en una biblioteca de Estados Unidos que ha derrotado a criptógrafos militares, lingüistas, historiadores, matemáticos y, en los últimos años, también a la inteligencia artificial. Tiene plantas que no existen, mujeres desnudas que se bañan en extraños conductos verdes y diagramas astronómicos sin explicación. Está escrito en un alfabeto que no aparece en ningún otro documento conocido. Se llama manuscrito Voynich, y después de unos 600 años nadie ha conseguido leer ni una sola frase con certeza.

    En este artículo de Grandes Enigmas recorremos su historia completa: de dónde viene, qué contiene, quién intentó descifrarlo y por qué este enigma sigue abierto en pleno siglo XXI.

    ¿Qué es el manuscrito Voynich?

    Primera página del manuscrito Voynich (MS 408) con texto en voynichés, conservado en la Biblioteca Beinecke de Yale

    El manuscrito Voynich es un códice ilustrado escrito a mano en pergamino (vitela). Se conserva en la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale con la signatura MS 408. Lleva el nombre de Wilfrid Michael Voynich, el librero anticuario que lo compró en 1912 y lo dio a conocer al mundo.

    Sus datos básicos:

    • Material: pergamino de piel animal, probablemente de ternera.
    • Tamaño: unos 23,5 × 16 cm, más o menos el de un libro de bolsillo grande.
    • Extensión: hoy tiene unas 240 páginas repartidas en algo más de un centenar de folios. La numeración antigua de los folios muestra que faltan hojas, así que el libro original era más largo.
    • Desplegables: varios folios se despliegan en paneles grandes. El más famoso es el llamado folio de las «Rosetas», con nueve medallones unidos entre sí.
    • Texto: unas 170.000 grafías que forman alrededor de 35.000 «palabras», escritas de izquierda a derecha en un sistema de escritura desconocido, al que hoy se llama voynichés.
    • Ilustraciones: casi todas las páginas tienen dibujos, coloreados con tintas y pigmentos sencillos.

    Lo desconcertante no es solo que no podamos leerlo. El texto se comporta como un idioma en muchos aspectos estadísticos, pero no encaja con ningún idioma conocido.

    La datación: un libro de principios del siglo XV

    Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale, donde se conserva el manuscrito Voynich

    Durante décadas se discutió si el manuscrito era medieval, renacentista o incluso una falsificación moderna del propio Voynich. En 2009, un equipo de la Universidad de Arizona dirigido por el físico Greg Hodgins fechó con carbono-14 cuatro muestras del pergamino. El resultado situó la fabricación de la vitela entre 1404 y 1438.

    Esta datación tiene un matiz importante: indica cuándo se preparó el pergamino, no necesariamente cuándo se escribió. Aun así, los especialistas consideran poco probable que alguien guardara pergamino caro durante décadas antes de usarlo, y los análisis de las tintas son compatibles con materiales de la época. El consenso actual es que el manuscrito se elaboró en el siglo XV, probablemente en Europa central o en el entorno del norte de Italia y los Alpes. Eso descarta que Voynich lo falsificara.

    Historia del manuscrito: de la corte de un emperador a una villa jesuita

    Un rastro que empieza en Praga

    Retrato del emperador Rodolfo II de Habsburgo, supuesto comprador del manuscrito Voynich

    Los primeros pasos documentados del libro llevan a la Praga del siglo XVII, uno de los grandes centros de la alquimia y la ciencia esotérica europea.

    1. Rodolfo II de Habsburgo (1552–1612): este emperador del Sacro Imperio, coleccionista apasionado de rarezas, astrólogos y alquimistas, habría comprado el manuscrito por 600 ducados, una suma enorme. El dato procede de una carta posterior y se transmite como algo que se «decía», no como un hecho probado.
    2. Jacobus Horčický de Tepenec (también conocido como Sinapius): fue químico y boticario al servicio de Rodolfo II. Al iluminar el primer folio con luz ultravioleta aparece su firma borrada, lo que indica que el libro pasó por sus manos.
    3. Georg Baresch: alquimista de Praga del siglo XVII. Pasó años tratando de entender el libro sin conseguirlo y llegó a escribir al célebre jesuita Athanasius Kircher, en Roma, que tenía fama de haber «descifrado» los jeroglíficos egipcios.
    4. Johannes Marcus Marci: médico y rector de la Universidad de Praga, que heredó el manuscrito de Baresch.

    La carta a Athanasius Kircher

    La pieza documental clave es una carta de Marcus Marci a Kircher, fechada en 1665 (algunas fuentes dan 1666). Hoy sigue dentro del propio manuscrito. En ella Marci le envía el libro a Kircher con la esperanza de que lo descifre, y menciona que el emperador Rodolfo lo había comprado por 600 ducados y que se lo atribuía a Roger Bacon, el fraile y filósofo inglés del siglo XIII.

    Kircher no dejó ninguna solución conocida. Después el libro desaparece del registro durante más de dos siglos, probablemente guardado en bibliotecas jesuitas.

    1912: Wilfrid Voynich en Villa Mondragone

    Retrato de Wilfrid Michael Voynich, el librero anticuario que descubrió el manuscrito en 1912
    Villa Mondragone en Frascati, cerca de Roma, donde Voynich compró el manuscrito a los jesuitas

    Wilfrid Voynich (1865–1930) tuvo una vida de novela. Nació en la actual Lituania, entonces parte del Imperio ruso, fue revolucionario polaco y deportado a Siberia, y huyó a Londres, donde se convirtió en librero anticuario de prestigio. Su esposa, Ethel Lilian Voynich, fue también una escritora célebre: su novela El tábano (The Gadfly) tuvo un éxito enorme en la Unión Soviética y en China.

    En 1912, Voynich compró a los jesuitas un lote de manuscritos en Villa Mondragone, en Frascati, cerca de Roma. Entre ellos estaba el códice indescifrable. Durante años mantuvo en secreto dónde lo había conseguido, y eso alimentó las sospechas. Con el tiempo, la historia quedó confirmada.

    Voynich dedicó el resto de su vida a promocionar el libro y a buscar quien lo descifrara. Defendía la autoría de Roger Bacon, porque así aumentaba su valor.

    De los herederos a Yale

    Tras la muerte de Voynich, el manuscrito pasó a su viuda Ethel y después a su colaboradora Anne Nill. En 1961 lo compró el librero neoyorquino Hans P. Kraus por unos 24.500 dólares. Kraus intentó venderlo por cifras muy superiores, hasta 160.000 dólares, pero no encontró comprador. En 1969 lo donó a la Universidad de Yale, donde sigue hoy.

    Yale lo ha digitalizado por completo, así que cualquiera puede consultarlo gratis en línea. Eso ha atraído a miles de aficionados de todo el mundo, también del ámbito hispanohablante.

    ¿Qué hay dentro? Las seis secciones del manuscrito

    Folio de la sección botánica del manuscrito Voynich con una planta de hojas verdes y raíces rojizas

    Como no podemos leer el texto, los investigadores han dividido el libro según sus ilustraciones. La clasificación más habitual distingue seis partes.

    1. Sección botánica o herbaria

    Es la más extensa. Cada página muestra una planta completa, con raíces, hojas y a veces flores, acompañada de texto. Recuerda a los herbarios medievales, que describían plantas medicinales. El problema es que la mayoría de las plantas no se pueden identificar con seguridad. Algunas parecen combinar partes de especies distintas, y otras tienen raíces de formas imposibles. Se han propuesto identificaciones aisladas (girasol, pimiento, viola o helecho, por ejemplo), pero ninguna se acepta de forma general. Las que apuntan a plantas americanas, como el girasol, chocan además con la datación del siglo XV.

    2. Sección astronómica y astrológica

    Contiene diagramas circulares con soles, lunas y estrellas, y una serie de signos del zodiaco: Piscis, Aries, Tauro, Géminis, etc. Cada signo aparece rodeado de figuras femeninas desnudas, muchas dentro de barriles o tinas, cada una con una estrella. Junto a los signos hay nombres de meses escritos en alfabeto latino (como abril o may), probablemente añadidos por una mano posterior. Los estudiosos discuten si su ortografía apunta al occitano, al catalán, al francés o a otra lengua romance, lo que tiene un interés especial para el mundo de habla hispana. Esas anotaciones son de las pocas pistas legibles de todo el libro.

    3. Sección «biológica» o balneológica

    Es quizá la más extraña. Muestra mujeres desnudas bañándose en piscinas o pozas conectadas por tubos y conductos, a veces de color verde o azul, que algunos han comparado con órganos del cuerpo humano. Se ha interpretado como un tratado de baños medicinales, algo habitual en la medicina medieval (por ejemplo, en el tratado italiano De balneis Puteolanis), como una alegoría de la reproducción o como un simbolismo alquímico.

    4. Sección cosmológica

    Incluye diagramas circulares complejos y el gran desplegable de las «Rosetas»: nueve círculos unidos por caminos, con lo que parecen castillos, torres e islas. Algunos investigadores ven ahí un mapa simbólico o incluso una ciudad con murallas almenadas de tipo «gibelino», un detalle arquitectónico que se ha usado para apoyar un origen en el norte de Italia.

    5. Sección farmacéutica

    Páginas del manuscrito Voynich con plantas ilustradas y texto en escritura desconocida

    Muestra partes de plantas (raíces y hojas) dibujadas junto a recipientes parecidos a los albarelos, los tarros de las boticas medievales. Parece un recetario de preparación de remedios.

    6. Sección de «recetas»

    Son páginas casi solo de texto, con párrafos cortos marcados al margen por estrellas. Se interpretan como una lista de recetas o instrucciones.

    La escritura voynichesa: lo que sabemos sin saber leerla

    Aunque no se entiende, el texto se ha estudiado a fondo, y estas son sus características más llamativas:

    • Fluidez: casi no hay tachones ni correcciones. El escriba escribía con soltura, como si conociera bien el sistema.
    • Alfabeto reducido: según cómo se cuenten, hay entre 20 y 30 glifos básicos, algunos parecidos a letras latinas o a abreviaturas medievales.
    • Repeticiones extrañas: algunas palabras se repiten dos o tres veces seguidas, algo raro en los idiomas naturales.
    • Palabras muy previsibles: ciertos glifos aparecen casi siempre al principio, en medio o al final de una palabra. Eso hace que la escritura parezca más rígida que una lengua europea.
    • Baja entropía: el texto es más repetitivo y previsible que el latín o el inglés.
    • Ley de Zipf: la frecuencia de las palabras sigue la distribución típica de los idiomas reales. En 2013, los investigadores Marcelo Montemurro y Damián Zanette, físicos argentinos, publicaron un estudio según el cual la organización de las palabras por temas a lo largo del libro muestra patrones propios de un lenguaje con significado. Es una contribución destacada de la ciencia latinoamericana a este misterio.

    «Lengua A» y «Lengua B»

    En los años setenta, el criptógrafo de la Marina estadounidense Prescott Currier observó que el manuscrito tiene dos «dialectos» estadísticos, llamados Currier A y Currier B, y que coinciden con diferencias en la caligrafía. En 2020, la paleógrafa Lisa Fagin Davis identificó cinco escribas distintos. Eso sugiere que el libro fue un trabajo en equipo, algo difícil de encajar con la idea de un simple bromista solitario.

    Los grandes intentos de descifrado

    William Newbold y el «Bacon microscópico» (1921)

    El profesor William Romaine Newbold, de la Universidad de Pensilvania, aseguró que en el texto había microescritura oculta en los trazos de las letras y que demostraba que Roger Bacon tenía microscopios y telescopios. Años después se comprobó que las supuestas «letras microscópicas» eran grietas naturales de la tinta al secarse. Fue el primer gran fracaso.

    William Friedman: el mejor criptógrafo del mundo frente al Voynich

    William F. Friedman, que rompió el código japonés PURPLE en la Segunda Guerra Mundial, y su esposa Elizebeth Friedman, también criptoanalista legendaria, formaron grupos de estudio dedicados al manuscrito durante décadas. Friedman llegó a pensar que podía ser un intento temprano de idioma artificial o filosófico, un sistema de clasificación inventado y no una lengua natural cifrada. Murió en 1969 sin resolverlo.

    La NSA y los criptógrafos militares

    Varios analistas vinculados a la NSA estudiaron el manuscrito. Mary D’Imperio escribió The Voynich Manuscript: An Elegant Enigma (1978), una de las obras de referencia. Ningún método criptográfico clásico ha funcionado: ni los cifrados de sustitución simple ni los polialfabéticos.

    Propuestas recientes que ocuparon titulares

    • Stephen Bax (2014): este lingüista británico propuso identificar unas pocas palabras, como nombres de plantas y estrellas (por ejemplo, Taurus), mediante un método de «descifrado parcial». Fue un enfoque prudente, pero no consiguió leer el texto.
    • Nicholas Gibbs (2017): publicó en The Times Literary Supplement que el libro era un manual de salud femenina escrito en latín abreviado. Los especialistas lo refutaron rápidamente porque sus «traducciones» no tenían sentido gramatical.
    • Gerard Cheshire (2019): afirmó en una revista académica que se trataba de un «proto-romance» perdido. Sus conclusiones fueron rechazadas por expertos en lenguas romances y por la propia Lisa Fagin Davis.
    • Inteligencia artificial (2018): investigadores de la Universidad de Alberta sugirieron con algoritmos que el texto podía ser hebreo con anagramas. Los hebraístas no encontraron traducciones coherentes.
    • Propuestas en turco, náhuatl, ucraniano, chino y otras lenguas: se han publicado decenas. Ninguna ha superado la prueba clave: traducir pasajes largos de forma coherente y reproducible por otros investigadores.

    Un patrón útil para no caer en el sensacionalismo: cada pocos años un titular anuncia que «por fin se ha descifrado el manuscrito Voynich». Hasta hoy, ninguno de esos anuncios ha sido aceptado por la comunidad académica.

    Las teorías principales

    1. Es una lengua natural escrita con un alfabeto inventado

    El texto sería un idioma real, quizá poco documentado o extinto, escrito con un alfabeto propio para mantenerlo en secreto. Lo apoyan la ley de Zipf y la estructura por temas. En contra está su previsibilidad excesiva, rara en idiomas naturales.

    2. Es un cifrado

    El texto sería una lengua conocida, como el latín o el italiano, oculta mediante un código. En contra, los cifrados medievales eran mucho más simples, y uno complejo debería haber cedido ante los métodos modernos.

    3. Es una lengua artificial

    Como proponía Friedman, podría ser un sistema inventado para clasificar el conocimiento. El problema es que los idiomas filosóficos conocidos aparecen en el siglo XVII, mucho después de la datación del pergamino.

    4. Es un fraude o un galimatías sin significado

    En 2004, el investigador británico Gordon Rugg mostró que con una rejilla de Cardano, una tarjeta con agujeros que se desplaza sobre tablas de sílabas, se puede generar un texto con rasgos parecidos a los del Voynich. Según esta hipótesis, sería un engaño del siglo XV o XVI para vender un libro «misterioso» a un coleccionista como Rodolfo II. Entre los críticos, algunos señalan que la rejilla de Cardano es posterior a la datación del pergamino. Otros responden que el principio podría ser anterior. A eso se suman la participación de varios escribas y los patrones estadísticos «lingüísticos», difíciles de explicar en una simple broma.

    5. Glosolalia o escritura visionaria

    Podría ser un texto producido en un estado de trance o de inspiración religiosa, con apariencia de lenguaje pero sin un código detrás. Es difícil de demostrar y de refutar.

    Sobre los autores propuestos

    Se han propuesto Roger Bacon, el humanista Antonio Averlino («Filarete»), el ocultista Edward Kelley, que estuvo en la corte de Rodolfo II, y el arquitecto Leon Battista Alberti. Ninguno encaja del todo con la datación y las pruebas paleográficas. Bacon, por ejemplo, murió más de un siglo antes de que se fabricara el pergamino.

    ¿Por qué fascina tanto al público hispanohablante?

    Aunque se guarda en Estados Unidos, el manuscrito Voynich tiene vínculos concretos con el mundo hispano:

    • La editorial Siloé, de Burgos (España), obtuvo de Yale la autorización para editar un facsímil oficial del manuscrito, publicado en 2017, y lo presentó en museos y bibliotecas. Fue una de las noticias culturales más comentadas sobre el códice en lengua española.
    • Los físicos argentinos Montemurro y Zanette aportaron uno de los estudios estadísticos más citados sobre la naturaleza lingüística del texto.
    • Las anotaciones de los meses en el zodiaco, en una lengua romance, han llevado a algunos aficionados a buscar conexiones con el catalán, el occitano o el castellano antiguo, aunque no hay ninguna demostración concluyente.

    Para cualquiera que se interese por los misterios históricos sin resolver, el Voynich es una referencia obligada, junto al disco de Festos, el Codex Seraphinianus y los textos rongorongo de la Isla de Pascua.

    Estado actual de la investigación

    A día de hoy se considera probado que:

    • El pergamino es de principios del siglo XV (1404–1438, carbono-14).
    • Trabajaron en él varios escribas.
    • El texto tiene estructura estadística no aleatoria.
    • El libro pasó por la Praga de Rodolfo II, por las manos de Baresch, Marci y Kircher, y por Villa Mondragone, antes de llegar a Voynich.

    Todavía no sabemos:

    • En qué idioma está, si es que está en alguno.
    • Quién lo escribió ni dónde con exactitud.
    • Para qué servía: medicina, alquimia, astrología, un engaño u otra cosa.

    Hoy la investigación es más colaborativa que nunca. Hay transcripciones digitales estandarizadas (como EVA, European Voynich Alphabet), foros internacionales, estudios de imagen multiespectral y análisis con aprendizaje automático. Investigadores como René Zandbergen, que mantiene uno de los sitios de referencia sobre el manuscrito, y Lisa Fagin Davis han ayudado a separar los datos firmes de la especulación.

    Preguntas abiertas: lo que todavía no sabemos

    1. Si el texto es una lengua real, ¿por qué no aparece en ningún otro documento?
    2. Si es un fraude, ¿por qué hicieron falta varios escribas y tanto esfuerzo en un pergamino caro?
    3. ¿Qué representan las plantas imposibles? ¿Son estilizaciones, plantas inventadas o claves visuales?
    4. ¿Qué contenían los folios que faltan?
    5. ¿Cómo llegó realmente a Praga, y es cierta la compra por 600 ducados?
    6. ¿Podrá la inteligencia artificial resolverlo? ¿O demostrará que no hay nada que leer?

    El manuscrito Voynich nos obliga a aceptar algo incómodo: incluso con radiocarbono, superordenadores y una comunidad mundial de investigadores, un libro de bolsillo del siglo XV sigue guardando su secreto.

    Fuentes y lecturas recomendadas

    • Beinecke Rare Book & Manuscript Library, Yale University – MS 408 (digitalización completa en línea).
    • Clemens, R. (ed.). The Voynich Manuscript. Yale University Press, 2016.
    • D’Imperio, M. E. The Voynich Manuscript: An Elegant Enigma. National Security Agency, 1978.
    • Hodgins, G. et al. Datación por radiocarbono, Universidad de Arizona, 2009 (difundida en 2011).
    • Montemurro, M. A. y Zanette, D. H. «Keywords and Co-Occurrence Patterns in the Voynich Manuscript: An Information-Theoretic Analysis». PLOS ONE, 2013.
    • Rugg, G. «An Elegant Hoax? A Possible Solution to the Voynich Manuscript». Cryptologia, 2004.
    • Davis, L. F. «How Many Glyphs and How Many Scribes? Digital Paleography and the Voynich Manuscript». Manuscript Studies, 2020.
    • Zandbergen, R. voynich.nu (sitio de referencia).
    • Siloé, arte y bibliofilia (Burgos): facsímil oficial del manuscrito Voynich, 2017.

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