El manuscrito Voynich: el libro que nadie ha logrado leer en 600 años

Primera página del manuscrito Voynich (MS 408) con texto en voynichés, conservado en la Biblioteca Beinecke de Yale

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Hay un libro guardado en una biblioteca de Estados Unidos que ha derrotado a criptógrafos militares, lingüistas, historiadores, matemáticos y, en los últimos años, también a la inteligencia artificial. Tiene plantas que no existen, mujeres desnudas que se bañan en extraños conductos verdes y diagramas astronómicos sin explicación. Está escrito en un alfabeto que no aparece en ningún otro documento conocido. Se llama manuscrito Voynich, y después de unos 600 años nadie ha conseguido leer ni una sola frase con certeza.

En este artículo de Grandes Enigmas recorremos su historia completa: de dónde viene, qué contiene, quién intentó descifrarlo y por qué este enigma sigue abierto en pleno siglo XXI.

¿Qué es el manuscrito Voynich?

Primera página del manuscrito Voynich (MS 408) con texto en voynichés, conservado en la Biblioteca Beinecke de Yale

El manuscrito Voynich es un códice ilustrado escrito a mano en pergamino (vitela). Se conserva en la Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale con la signatura MS 408. Lleva el nombre de Wilfrid Michael Voynich, el librero anticuario que lo compró en 1912 y lo dio a conocer al mundo.

Sus datos básicos:

  • Material: pergamino de piel animal, probablemente de ternera.
  • Tamaño: unos 23,5 × 16 cm, más o menos el de un libro de bolsillo grande.
  • Extensión: hoy tiene unas 240 páginas repartidas en algo más de un centenar de folios. La numeración antigua de los folios muestra que faltan hojas, así que el libro original era más largo.
  • Desplegables: varios folios se despliegan en paneles grandes. El más famoso es el llamado folio de las «Rosetas», con nueve medallones unidos entre sí.
  • Texto: unas 170.000 grafías que forman alrededor de 35.000 «palabras», escritas de izquierda a derecha en un sistema de escritura desconocido, al que hoy se llama voynichés.
  • Ilustraciones: casi todas las páginas tienen dibujos, coloreados con tintas y pigmentos sencillos.

Lo desconcertante no es solo que no podamos leerlo. El texto se comporta como un idioma en muchos aspectos estadísticos, pero no encaja con ningún idioma conocido.

La datación: un libro de principios del siglo XV

Biblioteca Beinecke de Libros Raros y Manuscritos de la Universidad de Yale, donde se conserva el manuscrito Voynich

Durante décadas se discutió si el manuscrito era medieval, renacentista o incluso una falsificación moderna del propio Voynich. En 2009, un equipo de la Universidad de Arizona dirigido por el físico Greg Hodgins fechó con carbono-14 cuatro muestras del pergamino. El resultado situó la fabricación de la vitela entre 1404 y 1438.

Esta datación tiene un matiz importante: indica cuándo se preparó el pergamino, no necesariamente cuándo se escribió. Aun así, los especialistas consideran poco probable que alguien guardara pergamino caro durante décadas antes de usarlo, y los análisis de las tintas son compatibles con materiales de la época. El consenso actual es que el manuscrito se elaboró en el siglo XV, probablemente en Europa central o en el entorno del norte de Italia y los Alpes. Eso descarta que Voynich lo falsificara.

Historia del manuscrito: de la corte de un emperador a una villa jesuita

Un rastro que empieza en Praga

Retrato del emperador Rodolfo II de Habsburgo, supuesto comprador del manuscrito Voynich

Los primeros pasos documentados del libro llevan a la Praga del siglo XVII, uno de los grandes centros de la alquimia y la ciencia esotérica europea.

  1. Rodolfo II de Habsburgo (1552–1612): este emperador del Sacro Imperio, coleccionista apasionado de rarezas, astrólogos y alquimistas, habría comprado el manuscrito por 600 ducados, una suma enorme. El dato procede de una carta posterior y se transmite como algo que se «decía», no como un hecho probado.
  2. Jacobus Horčický de Tepenec (también conocido como Sinapius): fue químico y boticario al servicio de Rodolfo II. Al iluminar el primer folio con luz ultravioleta aparece su firma borrada, lo que indica que el libro pasó por sus manos.
  3. Georg Baresch: alquimista de Praga del siglo XVII. Pasó años tratando de entender el libro sin conseguirlo y llegó a escribir al célebre jesuita Athanasius Kircher, en Roma, que tenía fama de haber «descifrado» los jeroglíficos egipcios.
  4. Johannes Marcus Marci: médico y rector de la Universidad de Praga, que heredó el manuscrito de Baresch.

La carta a Athanasius Kircher

La pieza documental clave es una carta de Marcus Marci a Kircher, fechada en 1665 (algunas fuentes dan 1666). Hoy sigue dentro del propio manuscrito. En ella Marci le envía el libro a Kircher con la esperanza de que lo descifre, y menciona que el emperador Rodolfo lo había comprado por 600 ducados y que se lo atribuía a Roger Bacon, el fraile y filósofo inglés del siglo XIII.

Kircher no dejó ninguna solución conocida. Después el libro desaparece del registro durante más de dos siglos, probablemente guardado en bibliotecas jesuitas.

1912: Wilfrid Voynich en Villa Mondragone

Retrato de Wilfrid Michael Voynich, el librero anticuario que descubrió el manuscrito en 1912
Villa Mondragone en Frascati, cerca de Roma, donde Voynich compró el manuscrito a los jesuitas

Wilfrid Voynich (1865–1930) tuvo una vida de novela. Nació en la actual Lituania, entonces parte del Imperio ruso, fue revolucionario polaco y deportado a Siberia, y huyó a Londres, donde se convirtió en librero anticuario de prestigio. Su esposa, Ethel Lilian Voynich, fue también una escritora célebre: su novela El tábano (The Gadfly) tuvo un éxito enorme en la Unión Soviética y en China.

En 1912, Voynich compró a los jesuitas un lote de manuscritos en Villa Mondragone, en Frascati, cerca de Roma. Entre ellos estaba el códice indescifrable. Durante años mantuvo en secreto dónde lo había conseguido, y eso alimentó las sospechas. Con el tiempo, la historia quedó confirmada.

Voynich dedicó el resto de su vida a promocionar el libro y a buscar quien lo descifrara. Defendía la autoría de Roger Bacon, porque así aumentaba su valor.

De los herederos a Yale

Tras la muerte de Voynich, el manuscrito pasó a su viuda Ethel y después a su colaboradora Anne Nill. En 1961 lo compró el librero neoyorquino Hans P. Kraus por unos 24.500 dólares. Kraus intentó venderlo por cifras muy superiores, hasta 160.000 dólares, pero no encontró comprador. En 1969 lo donó a la Universidad de Yale, donde sigue hoy.

Yale lo ha digitalizado por completo, así que cualquiera puede consultarlo gratis en línea. Eso ha atraído a miles de aficionados de todo el mundo, también del ámbito hispanohablante.

¿Qué hay dentro? Las seis secciones del manuscrito

Folio de la sección botánica del manuscrito Voynich con una planta de hojas verdes y raíces rojizas

Como no podemos leer el texto, los investigadores han dividido el libro según sus ilustraciones. La clasificación más habitual distingue seis partes.

1. Sección botánica o herbaria

Es la más extensa. Cada página muestra una planta completa, con raíces, hojas y a veces flores, acompañada de texto. Recuerda a los herbarios medievales, que describían plantas medicinales. El problema es que la mayoría de las plantas no se pueden identificar con seguridad. Algunas parecen combinar partes de especies distintas, y otras tienen raíces de formas imposibles. Se han propuesto identificaciones aisladas (girasol, pimiento, viola o helecho, por ejemplo), pero ninguna se acepta de forma general. Las que apuntan a plantas americanas, como el girasol, chocan además con la datación del siglo XV.

2. Sección astronómica y astrológica

Contiene diagramas circulares con soles, lunas y estrellas, y una serie de signos del zodiaco: Piscis, Aries, Tauro, Géminis, etc. Cada signo aparece rodeado de figuras femeninas desnudas, muchas dentro de barriles o tinas, cada una con una estrella. Junto a los signos hay nombres de meses escritos en alfabeto latino (como abril o may), probablemente añadidos por una mano posterior. Los estudiosos discuten si su ortografía apunta al occitano, al catalán, al francés o a otra lengua romance, lo que tiene un interés especial para el mundo de habla hispana. Esas anotaciones son de las pocas pistas legibles de todo el libro.

3. Sección «biológica» o balneológica

Es quizá la más extraña. Muestra mujeres desnudas bañándose en piscinas o pozas conectadas por tubos y conductos, a veces de color verde o azul, que algunos han comparado con órganos del cuerpo humano. Se ha interpretado como un tratado de baños medicinales, algo habitual en la medicina medieval (por ejemplo, en el tratado italiano De balneis Puteolanis), como una alegoría de la reproducción o como un simbolismo alquímico.

4. Sección cosmológica

Incluye diagramas circulares complejos y el gran desplegable de las «Rosetas»: nueve círculos unidos por caminos, con lo que parecen castillos, torres e islas. Algunos investigadores ven ahí un mapa simbólico o incluso una ciudad con murallas almenadas de tipo «gibelino», un detalle arquitectónico que se ha usado para apoyar un origen en el norte de Italia.

5. Sección farmacéutica

Páginas del manuscrito Voynich con plantas ilustradas y texto en escritura desconocida

Muestra partes de plantas (raíces y hojas) dibujadas junto a recipientes parecidos a los albarelos, los tarros de las boticas medievales. Parece un recetario de preparación de remedios.

6. Sección de «recetas»

Son páginas casi solo de texto, con párrafos cortos marcados al margen por estrellas. Se interpretan como una lista de recetas o instrucciones.

La escritura voynichesa: lo que sabemos sin saber leerla

Aunque no se entiende, el texto se ha estudiado a fondo, y estas son sus características más llamativas:

  • Fluidez: casi no hay tachones ni correcciones. El escriba escribía con soltura, como si conociera bien el sistema.
  • Alfabeto reducido: según cómo se cuenten, hay entre 20 y 30 glifos básicos, algunos parecidos a letras latinas o a abreviaturas medievales.
  • Repeticiones extrañas: algunas palabras se repiten dos o tres veces seguidas, algo raro en los idiomas naturales.
  • Palabras muy previsibles: ciertos glifos aparecen casi siempre al principio, en medio o al final de una palabra. Eso hace que la escritura parezca más rígida que una lengua europea.
  • Baja entropía: el texto es más repetitivo y previsible que el latín o el inglés.
  • Ley de Zipf: la frecuencia de las palabras sigue la distribución típica de los idiomas reales. En 2013, los investigadores Marcelo Montemurro y Damián Zanette, físicos argentinos, publicaron un estudio según el cual la organización de las palabras por temas a lo largo del libro muestra patrones propios de un lenguaje con significado. Es una contribución destacada de la ciencia latinoamericana a este misterio.

«Lengua A» y «Lengua B»

En los años setenta, el criptógrafo de la Marina estadounidense Prescott Currier observó que el manuscrito tiene dos «dialectos» estadísticos, llamados Currier A y Currier B, y que coinciden con diferencias en la caligrafía. En 2020, la paleógrafa Lisa Fagin Davis identificó cinco escribas distintos. Eso sugiere que el libro fue un trabajo en equipo, algo difícil de encajar con la idea de un simple bromista solitario.

Los grandes intentos de descifrado

William Newbold y el «Bacon microscópico» (1921)

El profesor William Romaine Newbold, de la Universidad de Pensilvania, aseguró que en el texto había microescritura oculta en los trazos de las letras y que demostraba que Roger Bacon tenía microscopios y telescopios. Años después se comprobó que las supuestas «letras microscópicas» eran grietas naturales de la tinta al secarse. Fue el primer gran fracaso.

William Friedman: el mejor criptógrafo del mundo frente al Voynich

William F. Friedman, que rompió el código japonés PURPLE en la Segunda Guerra Mundial, y su esposa Elizebeth Friedman, también criptoanalista legendaria, formaron grupos de estudio dedicados al manuscrito durante décadas. Friedman llegó a pensar que podía ser un intento temprano de idioma artificial o filosófico, un sistema de clasificación inventado y no una lengua natural cifrada. Murió en 1969 sin resolverlo.

La NSA y los criptógrafos militares

Varios analistas vinculados a la NSA estudiaron el manuscrito. Mary D’Imperio escribió The Voynich Manuscript: An Elegant Enigma (1978), una de las obras de referencia. Ningún método criptográfico clásico ha funcionado: ni los cifrados de sustitución simple ni los polialfabéticos.

Propuestas recientes que ocuparon titulares

  • Stephen Bax (2014): este lingüista británico propuso identificar unas pocas palabras, como nombres de plantas y estrellas (por ejemplo, Taurus), mediante un método de «descifrado parcial». Fue un enfoque prudente, pero no consiguió leer el texto.
  • Nicholas Gibbs (2017): publicó en The Times Literary Supplement que el libro era un manual de salud femenina escrito en latín abreviado. Los especialistas lo refutaron rápidamente porque sus «traducciones» no tenían sentido gramatical.
  • Gerard Cheshire (2019): afirmó en una revista académica que se trataba de un «proto-romance» perdido. Sus conclusiones fueron rechazadas por expertos en lenguas romances y por la propia Lisa Fagin Davis.
  • Inteligencia artificial (2018): investigadores de la Universidad de Alberta sugirieron con algoritmos que el texto podía ser hebreo con anagramas. Los hebraístas no encontraron traducciones coherentes.
  • Propuestas en turco, náhuatl, ucraniano, chino y otras lenguas: se han publicado decenas. Ninguna ha superado la prueba clave: traducir pasajes largos de forma coherente y reproducible por otros investigadores.

Un patrón útil para no caer en el sensacionalismo: cada pocos años un titular anuncia que «por fin se ha descifrado el manuscrito Voynich». Hasta hoy, ninguno de esos anuncios ha sido aceptado por la comunidad académica.

Las teorías principales

1. Es una lengua natural escrita con un alfabeto inventado

El texto sería un idioma real, quizá poco documentado o extinto, escrito con un alfabeto propio para mantenerlo en secreto. Lo apoyan la ley de Zipf y la estructura por temas. En contra está su previsibilidad excesiva, rara en idiomas naturales.

2. Es un cifrado

El texto sería una lengua conocida, como el latín o el italiano, oculta mediante un código. En contra, los cifrados medievales eran mucho más simples, y uno complejo debería haber cedido ante los métodos modernos.

3. Es una lengua artificial

Como proponía Friedman, podría ser un sistema inventado para clasificar el conocimiento. El problema es que los idiomas filosóficos conocidos aparecen en el siglo XVII, mucho después de la datación del pergamino.

4. Es un fraude o un galimatías sin significado

En 2004, el investigador británico Gordon Rugg mostró que con una rejilla de Cardano, una tarjeta con agujeros que se desplaza sobre tablas de sílabas, se puede generar un texto con rasgos parecidos a los del Voynich. Según esta hipótesis, sería un engaño del siglo XV o XVI para vender un libro «misterioso» a un coleccionista como Rodolfo II. Entre los críticos, algunos señalan que la rejilla de Cardano es posterior a la datación del pergamino. Otros responden que el principio podría ser anterior. A eso se suman la participación de varios escribas y los patrones estadísticos «lingüísticos», difíciles de explicar en una simple broma.

5. Glosolalia o escritura visionaria

Podría ser un texto producido en un estado de trance o de inspiración religiosa, con apariencia de lenguaje pero sin un código detrás. Es difícil de demostrar y de refutar.

Sobre los autores propuestos

Se han propuesto Roger Bacon, el humanista Antonio Averlino («Filarete»), el ocultista Edward Kelley, que estuvo en la corte de Rodolfo II, y el arquitecto Leon Battista Alberti. Ninguno encaja del todo con la datación y las pruebas paleográficas. Bacon, por ejemplo, murió más de un siglo antes de que se fabricara el pergamino.

¿Por qué fascina tanto al público hispanohablante?

Aunque se guarda en Estados Unidos, el manuscrito Voynich tiene vínculos concretos con el mundo hispano:

  • La editorial Siloé, de Burgos (España), obtuvo de Yale la autorización para editar un facsímil oficial del manuscrito, publicado en 2017, y lo presentó en museos y bibliotecas. Fue una de las noticias culturales más comentadas sobre el códice en lengua española.
  • Los físicos argentinos Montemurro y Zanette aportaron uno de los estudios estadísticos más citados sobre la naturaleza lingüística del texto.
  • Las anotaciones de los meses en el zodiaco, en una lengua romance, han llevado a algunos aficionados a buscar conexiones con el catalán, el occitano o el castellano antiguo, aunque no hay ninguna demostración concluyente.

Para cualquiera que se interese por los misterios históricos sin resolver, el Voynich es una referencia obligada, junto al disco de Festos, el Codex Seraphinianus y los textos rongorongo de la Isla de Pascua.

Estado actual de la investigación

A día de hoy se considera probado que:

  • El pergamino es de principios del siglo XV (1404–1438, carbono-14).
  • Trabajaron en él varios escribas.
  • El texto tiene estructura estadística no aleatoria.
  • El libro pasó por la Praga de Rodolfo II, por las manos de Baresch, Marci y Kircher, y por Villa Mondragone, antes de llegar a Voynich.

Todavía no sabemos:

  • En qué idioma está, si es que está en alguno.
  • Quién lo escribió ni dónde con exactitud.
  • Para qué servía: medicina, alquimia, astrología, un engaño u otra cosa.

Hoy la investigación es más colaborativa que nunca. Hay transcripciones digitales estandarizadas (como EVA, European Voynich Alphabet), foros internacionales, estudios de imagen multiespectral y análisis con aprendizaje automático. Investigadores como René Zandbergen, que mantiene uno de los sitios de referencia sobre el manuscrito, y Lisa Fagin Davis han ayudado a separar los datos firmes de la especulación.

Preguntas abiertas: lo que todavía no sabemos

  1. Si el texto es una lengua real, ¿por qué no aparece en ningún otro documento?
  2. Si es un fraude, ¿por qué hicieron falta varios escribas y tanto esfuerzo en un pergamino caro?
  3. ¿Qué representan las plantas imposibles? ¿Son estilizaciones, plantas inventadas o claves visuales?
  4. ¿Qué contenían los folios que faltan?
  5. ¿Cómo llegó realmente a Praga, y es cierta la compra por 600 ducados?
  6. ¿Podrá la inteligencia artificial resolverlo? ¿O demostrará que no hay nada que leer?

El manuscrito Voynich nos obliga a aceptar algo incómodo: incluso con radiocarbono, superordenadores y una comunidad mundial de investigadores, un libro de bolsillo del siglo XV sigue guardando su secreto.

Fuentes y lecturas recomendadas

  • Beinecke Rare Book & Manuscript Library, Yale University – MS 408 (digitalización completa en línea).
  • Clemens, R. (ed.). The Voynich Manuscript. Yale University Press, 2016.
  • D’Imperio, M. E. The Voynich Manuscript: An Elegant Enigma. National Security Agency, 1978.
  • Hodgins, G. et al. Datación por radiocarbono, Universidad de Arizona, 2009 (difundida en 2011).
  • Montemurro, M. A. y Zanette, D. H. «Keywords and Co-Occurrence Patterns in the Voynich Manuscript: An Information-Theoretic Analysis». PLOS ONE, 2013.
  • Rugg, G. «An Elegant Hoax? A Possible Solution to the Voynich Manuscript». Cryptologia, 2004.
  • Davis, L. F. «How Many Glyphs and How Many Scribes? Digital Paleography and the Voynich Manuscript». Manuscript Studies, 2020.
  • Zandbergen, R. voynich.nu (sitio de referencia).
  • Siloé, arte y bibliofilia (Burgos): facsímil oficial del manuscrito Voynich, 2017.

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