En la llanura de Salisbury, en el condado inglés de Wiltshire, un círculo de piedras gigantescas lleva casi cinco mil años desafiando a quienes intentan explicarlo. Stonehenge es probablemente el monumento prehistórico más famoso del mundo y, a la vez, uno de los más malinterpretados. Durante siglos se atribuyó a los druidas, a los romanos, a los daneses e incluso a la magia de Merlín. Hoy la arqueología, la geología y la química isotópica han reemplazado buena parte de esas leyendas con datos. Pero responder a las dos preguntas fundamentales, quién construyó Stonehenge y para qué, sigue exigiendo separar con cuidado lo que sabemos de lo que solo suponemos.
Este artículo reúne el estado actual de la investigación: las fases de construcción, el origen de los sarsens y las bluestones, la alineación con los solsticios, las grandes teorías sobre su función y los hallazgos más recientes, entre ellos el sorprendente origen escocés de la Piedra del Altar.

Respuesta rápida: ¿quién construyó Stonehenge y para qué?
- Quién: comunidades agrícolas del Neolítico de Gran Bretaña, no los druidas (que aparecen más de dos mil años después). Las fases finales coinciden con la llegada de nuevas poblaciones asociadas a la cultura campaniforme.
- Cuándo: entre aproximadamente el 3000 a. C. y el 1500 a. C., en varias fases. Los grandes sarsens se levantaron hacia el 2500 a. C.
- Para qué: no hay una única respuesta probada. Las evidencias apuntan a un monumento ceremonial y funerario orientado al ciclo del sol (amanecer del solsticio de verano y ocaso del solsticio de invierno), y posiblemente a un símbolo de unificación entre poblaciones de toda la isla.
Un monumento construido a lo largo de quince siglos
Uno de los errores más comunes es imaginar Stonehenge como una obra realizada de una vez. En realidad es un palimpsesto: un lugar que fue remodelado durante más de mil años por generaciones que probablemente no compartían ni la lengua ni las creencias de los primeros constructores.
Fase 1 (c. 3000 a. C.): el recinto circular
Según English Heritage, la primera construcción fue un recinto de tierra circular de unos 110 metros de diámetro, excavado hacia el 3000 a. C. con picos hechos de asta de ciervo. La creta extraída formó un terraplén interior y otro exterior. Dentro del foso había un anillo de 56 hoyos, los llamados agujeros de Aubrey (por el anticuario John Aubrey, que los identificó en el siglo XVII).
Durante mucho tiempo se discutió qué contenían esos hoyos. Las excavaciones del siglo XXI, en particular el Stonehenge Riverside Project dirigido por Mike Parker Pearson, reforzaron la hipótesis de que al menos parte de ellos sostuvo bluestones, las piedras traídas desde Gales. Es decir: las piedras galesas pudieron estar en Stonehenge desde su origen.
Un dato clave: en esta fase el sitio funcionó como cementerio de cremación durante varios siglos. Se han recuperado restos cremados de decenas de individuos, hombres y mujeres, lo que convierte a Stonehenge en uno de los mayores cementerios de su época en Gran Bretaña.
Fase 2 (c. 2500 a. C.): llegan los gigantes
Hacia el 2500 a. C. el lugar se transformó radicalmente. Se erigieron las grandes estructuras de sarsen que hoy definen la silueta del monumento:
- El círculo exterior de sarsens: unas 30 piedras verticales coronadas por un anillo continuo de dinteles.
- La herradura de cinco trilitos: estructuras de dos piedras verticales y un dintel horizontal, de tamaño creciente hacia el suroeste. El Gran Trilito era el más alto.
- Las bluestones, reorganizadas en el interior.
- La Piedra del Talón (Heel Stone), fuera del círculo, en el eje del amanecer de verano.
Las uniones entre piedras revelan una técnica sorprendente: los constructores usaron ensambles de carpintería, como espiga y mortaja o machihembrado, para fijar los dinteles. Es como si hubieran trasladado a la piedra el saber acumulado trabajando la madera.
Fase 3 y posteriores (c. 2400–1500 a. C.): reordenamientos
En los siglos siguientes, las bluestones se movieron varias veces hasta formar el círculo y la herradura interiores que vemos hoy. Hacia el 2400–2200 a. C. se construyó también la Avenida, un camino delimitado por terraplenes que conecta Stonehenge con el río Avon y que, en su tramo final, sigue precisamente el eje solsticial. Las últimas intervenciones, los llamados agujeros Y y Z, datan aproximadamente del 1600–1500 a. C. Después, el monumento dejó de modificarse.

Los sarsens: un enigma resuelto en 2020
Los sarsens son bloques de silcreta, una roca muy dura formada por arena cementada con sílice, que aparece dispersa por el sur de Inglaterra. Pesan de media unas 25 toneladas; la Piedra del Talón ronda las 30.
Durante siglos se supuso que procedían de los Marlborough Downs, unos 30 km al norte, pero no se sabía de dónde exactamente. La respuesta llegó por un camino inesperado. En 1958, durante una restauración, se extrajeron núcleos de perforación de la piedra 58. Uno de ellos fue conservado por el trabajador Robert Phillips, que lo devolvió décadas después. En 2020, el equipo del geomorfólogo David Nash (Universidad de Brighton) publicó en Science Advances el análisis geoquímico de ese núcleo.
Los resultados fueron claros:
- 50 de los 52 sarsens que se conservan comparten una química homogénea, lo que indica un origen común.
- Esa firma coincide con los sarsens de West Woods, en Wiltshire, a unos 25 km al norte de Stonehenge.
- Incluso la Piedra del Talón, que se creía un bloque local, parece proceder de la misma zona.
La homogeneidad también apoya la idea de que los sarsens se levantaron más o menos a la vez, en la segunda fase. Dos piedras (la 26 y la 160) tienen otro origen aún sin localizar.
¿Cómo se movieron 25 toneladas?
No existe registro directo, pero la arqueología experimental ofrece hipótesis viables: trineos de madera sobre rieles o carriles engrasados, tirados por equipos de cien o doscientas personas. Los experimentos han demostrado que un grupo bien organizado puede arrastrar bloques de varias toneladas a ritmo razonable. Para levantarlos se habrían usado rampas, palancas y fosos con una pared inclinada donde la piedra se deslizaba hasta quedar vertical. Lo extraordinario no es la tecnología, sino la organización social que exige.
Las bluestones: 225 kilómetros desde Gales
Las bluestones (piedras azules) son más pequeñas, de dos a cinco toneladas, y de una variedad de rocas: doleritas moteadas, riolitas, tobas volcánicas y areniscas. Desde que el geólogo Herbert Thomas las vinculó en 1923 con las colinas de Preseli, en Pembrokeshire (Gales), su origen galés es un consenso, a unos 225 km del monumento.
La investigación posterior afinó el mapa hasta canteras concretas:
- Carn Goedog: fuente de la mayoría de las doleritas moteadas.
- Craig Rhos-y-felin: fuente de un tipo específico de riolita.
- Cerrigmarchogion y Garn Ddu Fach: fuentes de doleritas sin motear.
En Carn Goedog y Craig Rhos-y-felin se excavaron restos de extracción de megalitos datados en los siglos anteriores y alrededor del 3000 a. C., coherente con la primera fase de Stonehenge. Se han encontrado cuñas, plataformas y huecos en el afloramiento del tamaño de los pilares retirados.
¿Glaciares o seres humanos?
Una hipótesis minoritaria sostiene que los glaciares de la Edad de Hielo arrastraron las piedras hasta Salisbury. La mayoría de los geólogos la rechazan: no hay pruebas de que los hielos llegaran a menos de unos 100 km de la llanura, y las supuestas huellas glaciares en fragmentos de bluestone no han superado el escrutinio. Las canteras neolíticas, en cambio, son una evidencia material directa.
La hipótesis de Waun Mawn
En 2021 el equipo de Parker Pearson propuso que un círculo de piedras en Waun Mawn, en Preseli, pudo haber sido parcialmente desmontado y trasladado a Stonehenge: una especie de «Stonehenge galés» mudado con su comunidad. La idea es sugerente, pero sigue en debate; las propias revisiones posteriores han matizado su alcance.
Una vaca de Gales (2025)
En agosto de 2025, un estudio en el Journal of Archaeological Science analizó un molar de vaca hallado en 1924 junto a la entrada sur del monumento. Datado entre 2995 y 2900 a. C., sus isótopos de estroncio y plomo apuntan a un animal que vivió en una región de rocas paleozoicas antiguas, compatible con Preseli. Es la primera evidencia que vincula restos de ganado de Stonehenge con Gales, y refuerza la hipótesis de que bueyes pudieron participar en el transporte de las piedras.

La Piedra del Altar: el hallazgo que cambió el mapa (2024)
La Piedra del Altar es un bloque de arenisca de unas 6 toneladas y casi 5 metros de largo, hoy semienterrado bajo los restos caídos del Gran Trilito. Durante un siglo se pensó que venía también de Gales, de la zona de Brecon.
En agosto de 2024, un equipo liderado por Anthony Clarke (Universidad de Curtin) publicó en Nature un análisis de las edades de granos minerales de circón, apatito y rutilo contenidos en fragmentos de la piedra. Su «huella» de edades coincidía con la Arenisca Roja Antigua de la Cuenca Orcadiana, en el noreste de Escocia. Eso implica una distancia de al menos 700–750 km.
Las implicaciones son enormes:
- El transporte por tierra a través de los Grampianos, los Peninos y bosques densos habría sido extraordinariamente difícil. Los autores plantean como probable el transporte marítimo a lo largo de la costa.
- Revela una conectividad entre el extremo norte y el sur de Gran Bretaña mucho mayor de lo supuesto.
- Encaja con otros indicios: la colocación de la Piedra del Altar recuerda a los círculos de piedra recostada del noreste de Escocia, y las casas neolíticas de Orcadas se parecen notablemente a las de Durrington Walls, junto a Stonehenge.
Un estudio de 2026 en el Journal of Quaternary Science ha estrechado el probable origen a las zonas de Caithness o Inverness–Black Isle, y concluye que el transporte glaciar no puede explicar su llegada: fue obra humana.
Quién construyó Stonehenge
No fueron los druidas
La asociación con los druidas nació con anticuarios del siglo XVII y XVIII como John Aubrey y William Stukeley. Pero los druidas pertenecen a la Edad del Hierro celta, más de dos mil años después de los primeros trabajos. Los grupos neodruidas que hoy celebran el solsticio en el lugar mantienen una tradición moderna, no una continuidad histórica.
Agricultores neolíticos
Los primeros constructores fueron comunidades de agricultores neolíticos descendientes de poblaciones que llegaron a Gran Bretaña hacia el 4000 a. C. desde el continente, cuyos ancestros más remotos procedían de Anatolia. Los análisis de ADN antiguo publicados en 2019 lo confirmaron. Criaban ganado, cultivaban cereales y ya tenían una larga tradición de monumentos: túmulos alargados, recintos con calzadas y cursus.
Durrington Walls: la aldea de los constructores
A unos 3 km al noreste se encuentra Durrington Walls, un gran recinto que hacia el 2500 a. C. albergó un asentamiento de quizá cientos de casas. Las excavaciones hallaron enormes cantidades de huesos de cerdo con señales de haber sido asados en festines, concentrados en pleno invierno. Los isótopos de esos animales muestran que llegaban de lugares muy distantes de Gran Bretaña, incluido el norte de Escocia. La interpretación más extendida es que aquí vivían o se reunían temporalmente los constructores de la fase de los sarsens, y que la región era un punto de encuentro de toda la isla.
La llegada del campaniforme
Hacia el 2450 a. C. llegaron a Gran Bretaña poblaciones asociadas a la cultura campaniforme, con ascendencia de las estepas, que en pocos siglos reemplazaron en gran parte el acervo genético neolítico. El famoso Arquero de Amesbury, enterrado cerca de Stonehenge hacia el 2300 a. C., había crecido en los Alpes según sus isótopos. Esto significa que Stonehenge, en sus fases tardías, fue utilizado y remodelado por gentes distintas de las que lo iniciaron.
Para qué servía Stonehenge: las grandes teorías
1. Un calendario solar y ceremonial
La evidencia astronómica es la más sólida. El eje principal del monumento está alineado con el eje solsticial: el sol del solsticio de verano sale por el noreste cerca de la Piedra del Talón, y el sol del solsticio de invierno se pone por el suroeste en el hueco del Gran Trilito. La Avenida prolonga esa línea en el terreno.
Muchos investigadores creen que el ocaso de invierno era el momento más importante, coherente con los festines invernales de Durrington Walls. La orientación funciona en ambos sentidos: quien entraba por la Avenida avanzaba hacia el sol poniente de pleno invierno.
En la década de 1960, el astrónomo Gerald Hawkins propuso que Stonehenge era un «ordenador» capaz de predecir eclipses. Hoy esa interpretación se considera exagerada: las alineaciones solsticiales son claras, pero las lunares y de eclipses son discutidas. En 2022, otra propuesta sugirió que los 30 sarsens funcionaban como un calendario solar de 365 días; fue rebatida por varios arqueoastrónomos por carecer de base suficiente.

2. Un monumento a los ancestros
Mike Parker Pearson, a partir de una idea del arqueólogo malgache Ramilisonina, propuso que Stonehenge era el reino de los muertos: la piedra, permanente, simbolizaba a los ancestros; Durrington Walls, con sus círculos de madera perecedera, el mundo de los vivos. El río Avon y la Avenida conectarían ambos mundos en un recorrido ritual. Los cientos de cremaciones de la primera fase sostienen al menos su carácter funerario.
3. Un lugar de curación
Los arqueólogos Timothy Darvill y Geoffrey Wainwright propusieron que las bluestones se atribuían propiedades curativas, lo que explicaría el esfuerzo de traerlas desde Gales y el hecho de que fragmentos de ellas aparezcan dispersos. Algunos enterramientos cercanos muestran lesiones o enfermedades. La hipótesis es atractiva, pero menos respaldada que las otras.
4. Un símbolo de unificación
Con el origen escocés de la Piedra del Altar, cobra fuerza la idea de Stonehenge como monumento de unidad insular: piedras de Wiltshire, Gales y Escocia reunidas en un solo lugar, construido mediante la cooperación de comunidades lejanas. El esfuerzo colectivo sería, en sí mismo, parte del significado.
Lo más probable es que estas funciones no se excluyan entre sí: un templo solar, un cementerio, un lugar de reunión y un emblema político pueden convivir en un mismo monumento a lo largo de quince siglos.
El paisaje sagrado que rodea Stonehenge
Stonehenge no está aislado. Forma parte de un paisaje ritual que incluye el Cursus (un recinto alargado de casi 3 km, anterior al círculo), Woodhenge, Bluestonehenge (un pequeño círculo junto al río Avon descubierto en 2009) y cientos de túmulos funerarios de la Edad del Bronce. En 2020, un equipo detectó un anillo de grandes fosos de unos 2 km de diámetro alrededor de Durrington Walls, aunque su naturaleza exacta sigue siendo objeto de estudio. Desde 1986, Stonehenge y Avebury son Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Mitos frecuentes sobre Stonehenge
- «Lo construyeron los druidas.» Falso: llegaron dos milenios después.
- «Nadie sabe de dónde vinieron las piedras.» Falso: hoy se conocen con precisión las fuentes de los sarsens, de las bluestones y de la Piedra del Altar.
- «Fue obra de una civilización perdida o de extraterrestres.» No hay ninguna evidencia; las canteras, herramientas y asentamientos humanos están documentados.
- «Lo vemos tal como era.» No exactamente: muchas piedras cayeron o fueron retiradas, y varias se reerigieron y consolidaron en el siglo XX.
Lo que aún no sabemos
A pesar de los avances, quedan preguntas abiertas: la ruta exacta y el método de transporte de la Piedra del Altar; si hubo un círculo galés previo trasladado; cuántas personas participaron y cómo se organizaron; y, sobre todo, qué creían quienes lo levantaron. Sin escritura, sus ideas solo llegan a nosotros a través de la piedra, los huesos y el sol que sigue saliendo cada junio sobre la Piedra del Talón.

Conclusión
Stonehenge no fue construido por magos, druidas ni visitantes de otros mundos, sino por generaciones de comunidades neolíticas y de la Edad del Bronce que movilizaron piedras desde Wiltshire, Gales y Escocia con una organización asombrosa. Su función más probable fue ceremonial: un santuario alineado con los solsticios, un lugar para los muertos y, quizá, un símbolo de unión entre los pueblos de Gran Bretaña. Cada nuevo hallazgo, desde un núcleo de piedra perdido hasta el diente de una vaca, demuestra que el mayor enigma de Stonehenge no es cómo se hizo, sino el mundo de ideas que lo hizo necesario.
Fuentes principales
- English Heritage: Building Stonehenge y Description of Stonehenge.
- Nash, D. J. et al. (2020). «Origins of the sarsen megaliths at Stonehenge». Science Advances.
- Clarke, A. J. I. et al. (2024). «A Scottish provenance for the Altar Stone of Stonehenge». Nature.
- Clarke et al. (2026). «From Highlands to Henge». Journal of Quaternary Science.
- Parker Pearson, M. et al. «Stonehenge and its Altar Stone: the significance of distant stone sources». Archaeology International.
- UCL News (2025). «Prehistoric cow tooth supports Welsh origin of Stonehenge stones».
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