
Respuesta breve: la egiptología sitúa la Gran Esfinge de Guiza en el reinado del faraón Kefrén (Khafra), hacia el 2500 a. C., durante la IV dinastía. En 1991-1992 el geólogo Robert M. Schoch, de la Universidad de Boston, propuso que el desgaste de sus paredes y de su cuerpo se debía a lluvias intensas y prolongadas, lo que adelantaría su origen a fechas de entre el 5000 y el 7000 a. C., o incluso antes. La gran mayoría de los egiptólogos y buena parte de los geólogos que estudiaron el caso rechazan esa conclusión: explican el desgaste mediante la diferente dureza de las capas de caliza, las sales, la arena húmeda, el viento y antiguas cavidades kársticas. El debate sigue abierto en la cultura popular, pero no en el consenso académico.
Un monumento tallado en la propia roca
La Gran Esfinge no se construyó con bloques, como las pirámides vecinas. Se talló directamente en el lecho rocoso de la meseta de Guiza. Los canteros excavaron una fosa alrededor de un afloramiento de caliza y dejaron en el centro la mole que después modelaron como un león recostado con cabeza humana. Mide unos 73 metros de largo y unos 20 de alto, y es la escultura monolítica más grande del mundo antiguo.
Este detalle técnico importa mucho para el enigma. Como la estatua es parte de la roca madre, sus superficies muestran las capas geológicas tal como se depositaron hace millones de años, en el Eoceno. Los geólogos distinguen tres grandes unidades en la formación de Mokattam en este punto:
- Miembro I: la caliza dura de la base, sobre la que se apoya el cuerpo.
- Miembro II: capas alternas de caliza más dura y más blanda. Forman el cuerpo de la Esfinge y las paredes de la fosa, y son las más dañadas.
- Miembro III: la caliza de mejor calidad, en la que se talló la cabeza. Por eso se conserva mucho mejor que el resto.
Cualquier discusión sobre la erosión depende de estas diferencias. Una superficie que parece muy desgastada puede serlo por su antigüedad o, simplemente, porque es de una piedra más débil.
Por qué se atribuye la Esfinge a Kefrén

No hay ninguna inscripción contemporánea que diga «Kefrén hizo esta Esfinge». La atribución se basa en un conjunto de pruebas indirectas que, juntas, resultan muy convincentes para los arqueólogos.
El contexto del complejo funerario
La Esfinge está junto a la calzada que une el templo del valle de Kefrén con su pirámide. Delante de ella se levanta el llamado Templo de la Esfinge, que comparte técnica, orientación y estilo con el templo del valle de Kefrén. Los enormes bloques de caliza de esos templos proceden, según los estudios de Mark Lehner, de la misma cantera que se abrió al excavar la fosa de la Esfinge. Dicho de otro modo: la piedra que se retiró para liberar la estatua se reutilizó en los templos de la IV dinastía. Esto vincula directamente la talla con las obras del reinado de Kefrén.
La secuencia de canteras
El trazado de la fosa encaja con el de la calzada de Kefrén, que parece tener en cuenta un espacio ya planificado. Lehner, que cartografió el monumento durante años con el Centro Americano de Investigación en Egipto (ARCE), sostiene que la Esfinge forma parte de un proyecto unitario.
Rasgos estilísticos
El rostro, el tocado nemes y las proporciones se parecen a la estatuaria real de la IV dinastía. Se ha comparado a menudo con retratos de Kefrén, aunque algunos investigadores han defendido que podría representar a su padre Keops o a su hermano Djedefra. Esa variante cambia unas décadas la fecha, no milenios.
La Estela del Sueño
Entre las patas de la Esfinge se halla la Estela del Sueño, que mandó colocar Tutmosis IV hacia el 1400 a. C. Cuenta que el príncipe se durmió a la sombra del monumento y que la Esfinge le prometió el trono si la liberaba de la arena. En el texto, muy dañado, aparece el fragmento «Khaf», que algunos interpretaron como una mención de Kefrén. Hoy se considera una prueba débil, pero demuestra que, más de mil años después de su talla, la Esfinge ya estaba enterrada y necesitaba restauraciones.
Los restos de los trabajadores
En las inmediaciones se han documentado herramientas, cerámica y restos de la vida cotidiana de los obreros del Reino Antiguo, además del poblado excavado por Lehner al sur de la meseta (Heit el-Ghurab). En cambio, no se ha encontrado nada que permita atribuir la talla a una cultura anterior.
Robert Schoch y la hipótesis de la erosión por agua
Del autor independiente al geólogo
La historia empieza con John Anthony West, un escritor independiente interesado en las ideas del esoterista René Schwaller de Lubicz, quien había sugerido que la Esfinge mostraba señales de erosión por agua. West buscó a un geólogo que examinara la cuestión con rigor y, en 1990, Robert M. Schoch, profesor de la Universidad de Boston, viajó a Guiza.
Schoch esperaba confirmar la datación ortodoxa. Según su propio relato, lo que vio le hizo cambiar de opinión.
El argumento central
Schoch distinguió entre tipos de meteorización:
- Erosión eólica: el viento cargado de arena suele producir superficies afiladas, con capas duras salientes y oquedades horizontales bien definidas.
- Exfoliación por sales: la cristalización de sales en la piedra hace que se desprendan escamas.
- Meteorización inducida por precipitaciones: la lluvia que escurre por las paredes y la caída del agua por la parte alta generan perfiles redondeados y ondulados y fisuras verticales que se abren de arriba abajo.
Schoch afirmó que las paredes de la fosa de la Esfinge, sobre todo la occidental, y el cuerpo del monumento muestran precisamente ese perfil ondulado y esas fisuras verticales. Según él, ese tipo de desgaste solo pudo producirlo un periodo largo de lluvias abundantes. Como el clima de Egipto ya era árido en tiempos de Kefrén, el monumento tendría que ser anterior.
Comparación con las tumbas vecinas
Schoch comparó el monumento con tumbas del Reino Antiguo excavadas en la misma meseta. Sostuvo que estas presentan sobre todo erosión eólica, con poco desgaste por agua, mientras que la fosa de la Esfinge muestra un desgaste mucho más profundo. Concluyó que la Esfinge llevaba mucho más tiempo expuesta.
La sismografía
En 1991, el geofísico Thomas Dobecki realizó con Schoch estudios sísmicos del suelo de la fosa. Detectaron que la capa meteorizada bajo la superficie era más gruesa delante de la estatua que en su parte trasera. Schoch interpretó que la parte posterior se excavó más tarde y, con un cálculo de tasas de meteorización, propuso que la talla original del frente se remontaba al menos a entre el 7000 y el 5000 a. C.
La presentación de 1991 y el impacto mediático
Schoch presentó sus conclusiones en la reunión anual de la Geological Society of America en 1991, y en 1992 el debate llegó a la American Association for the Advancement of Science. La prensa lo convirtió en noticia mundial. Al año siguiente se emitió el documental The Mystery of the Sphinx, narrado por Charlton Heston, que ganó un premio Emmy y difundió la idea entre el gran público.
Con los años, Schoch matizó y amplió su propuesta. Llegó a relacionar el posible origen de la Esfinge con el final de la última glaciación y, más tarde, con Göbekli Tepe y con hipótesis sobre catástrofes solares. Esas extensiones alejaron todavía más su posición del consenso.
La respuesta de la egiptología y de otros geólogos

«¿Dónde está esa civilización?»
La objeción más repetida no es geológica, sino arqueológica. Mark Lehner la resumió en 1992 ante The New York Times: no se tumba la historia de Egipto por un único fenómeno como un perfil de meteorización. Si la Esfinge la talló una cultura hacia el 7000 a. C., ¿dónde están sus cerámicas, sus herramientas, sus asentamientos y sus enterramientos? En esa época, los habitantes del valle del Nilo y del Sahara eran cazadores, recolectores y primeros pastores. No hay pruebas de ninguna sociedad capaz de organizar una obra así. Zahi Hawass, entonces director de las pirámides de Guiza, añadió que los defensores de una Esfinge más antigua prescinden de todo el contexto del Reino Antiguo que la rodea.
Erosión rápida en la piedra blanda
Hawass y Lehner señalan que la caliza del Miembro II se deteriora deprisa hoy mismo. En algunos puntos, la base de las capas blandas se deshace con los dedos, y las capas duras se desprenden en escamas grandes «como patatas fritas gigantes». En 1988 cayó un fragmento de unas tres toneladas del hombro sur. Si la piedra se desgasta así en la actualidad, los cerca de 1.100 años que separan a Kefrén de las primeras grandes restauraciones del Reino Nuevo bastarían para producir los entrantes profundos que hay detrás de los revestimientos antiguos.
Schoch replicó que el desgaste que estudia es antiguo, el que queda bajo las reparaciones de época faraónica, y que el moderno se ve acelerado por la contaminación y la lluvia ácida. Sus críticos responden que se trata de la misma roca y de los mismos mecanismos.
James Harrell: la arena mojada
El geólogo James A. Harrell, de la Universidad de Toledo (Ohio), aceptó parte de las descripciones de Schoch, pero no su interpretación. Propuso que el desgaste profundo se debe a que la Esfinge, situada en una hondonada, pasó largos periodos enterrada bajo arena que se humedecía con las crecidas del Nilo, la lluvia ocasional y la humedad del subsuelo. La humedad prolongada favorece la expansión de las arcillas y la cristalización de sales dentro de la caliza. Harrell también advirtió que Schoch podía estar comparando capas de distinta resistencia en la Esfinge y en las tumbas.
Gauri, Sinai y Bandyopadhyay: el clima árido es suficiente
En 1995, K. Lal Gauri, John J. Sinai y Jayanta K. Bandyopadhyay publicaron en la revista Geoarchaeology un estudio sobre la meteorización de la Esfinge. Mostraron que un ambiente árido puede producir el perfil redondeado de las capas por el cambio gradual de dureza entre estratos alternos, y que la humedad nocturna que se condensa en la roca disuelve y recristaliza sales. Además, interpretaron las grandes acanaladuras de las paredes de la fosa como rasgos kársticos anteriores al Plioceno, formados por agua subterránea hace millones de años y expuestos cuando se excavó la fosa. Su conclusión fue que, por ahora, la Esfinge puede seguir considerándose de origen faraónico.
Otras objeciones
- La lluvia no desapareció de golpe. Algunos investigadores, como Colin Reader, aceptan que la escorrentía influyó en el desgaste. Sin embargo, la atribuyen a las lluvias que todavía caían a comienzos del periodo dinástico. Reader propuso que la Esfinge podría ser algunos siglos anterior a Kefrén, quizá de la época de los primeros faraones. Esto no requiere ninguna civilización perdida.
- Datos sísmicos discutidos. La relación entre la profundidad de la capa meteorizada y la edad depende de supuestos sobre la velocidad de meteorización, la humedad y la composición de la roca, que no se conocen con precisión.
- No hay dataciones directas. La talla en roca no puede fecharse con radiocarbono. Las fechas propuestas se basan en inferencias geológicas o en el contexto arqueológico, y la mayoría de los especialistas da más peso a este último.
Las restauraciones: una historia de arena y reparaciones

La Esfinge pasó gran parte de su historia cubierta de arena hasta el cuello. La liberaron, entre otros, Tutmosis IV, los romanos, Giovanni Battista Caviglia en 1817, Auguste Mariette en el siglo XIX y Émile Baraize y Selim Hassan en las décadas de 1920 y 1930. Ya desde el Reino Nuevo se revistió su cuerpo con bloques de caliza para protegerlo. En el siglo XX se añadieron morteros de cemento que, como reconoció el propio Hawass, aceleraron algunos daños.
Estas fases de restauración, que Lehner clasificó en varias etapas, sirven de reloj relativo. Muestran que el monumento ya estaba muy dañado a mediados del segundo milenio antes de Cristo. Los partidarios de Schoch ven ahí la prueba de una antigüedad enorme. Sus críticos lo interpretan como señal de la fragilidad de la piedra.
¿Qué dice el consenso hoy?

El panorama actual puede resumirse así:
| Postura | Fecha propuesta | Base principal | Aceptación |
|---|---|---|---|
| Egiptología mayoritaria (Lehner, Hawass) | c. 2500 a. C., reinado de Kefrén | Contexto arqueológico, canteras, templos y estilo | Consenso |
| Variante dinástica temprana (Reader) | Algunos siglos antes de Kefrén | Escorrentía y orden de las canteras | Minoritaria |
| Hipótesis de Schoch | 7000-5000 a. C. o antes | Perfil de meteorización y sísmica | Rechazada por la mayoría |
| Propuestas alternativas más extremas | 10.500 a. C. o anteriores | Especulación astronómica | Sin respaldo académico |
La hipótesis de la erosión por agua es valiosa por un motivo: obligó a estudiar con más detalle la geología de la Esfinge y su conservación. Sin embargo, una hipótesis extraordinaria necesita pruebas extraordinarias. Hasta ahora, los indicios materiales señalan de forma coherente a la IV dinastía.
Preguntas frecuentes
¿Quién construyó la Esfinge de Guiza?
Según el consenso arqueológico, la mandó tallar el faraón Kefrén, de la IV dinastía, hacia el 2500 a. C., como parte de su complejo funerario.
¿Qué es la hipótesis de la erosión por agua?
Es la propuesta de Robert Schoch, presentada en 1991, según la cual el perfil ondulado y las fisuras verticales de la Esfinge y su fosa se deben a lluvias abundantes. Eso la situaría miles de años antes de Kefrén.
¿Por qué la rechazan los egiptólogos?
Por la falta de restos de una civilización anterior capaz de tallarla, por los vínculos de la Esfinge con los templos de Kefrén y porque otros mecanismos, como las sales, la arena húmeda, la diferente dureza de la roca y el karst antiguo, explican el desgaste.
¿Está demostrado que la Esfinge es más antigua?
No. Hay una minoría que propone pequeños ajustes de fecha, pero ninguna prueba arqueológica respalda una antigüedad de milenios adicionales.
Fuentes consultadas
- Hawass, Z. y Lehner, M., «The Sphinx: Who built it, and why?» / Hawass, The Secrets of the Sphinx: Restoration Past and Present (Giza Archives, Harvard).
- Gauri, K. L., Sinai, J. J. y Bandyopadhyay, J. K. (1995). «Geologic weathering and its implications on the age of the Sphinx». Geoarchaeology 10(2). doi:10.1002/gea.3340100203.
- Harrell, J. A. (1994). «The Sphinx Controversy: Another Look at the Geological Evidence». KMT 5(2).
- The New York Times (9 de febrero de 1992), «Scholars Dispute Claim That Sphinx Is Much Older».
- Schoch, R. M. (1992). «Redating the Great Sphinx of Giza». KMT 3(2).
- Reader, C. (2001). «A Geomorphological Study of the Giza Necropolis». Archéo-Nil 11.

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